17 de Agosto: Paso a la inmortalidad del Gral. San Martín

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Su vida, su obra. El militar. El Hombre. Conoce en detalles al Libertador de América.

A José de San Martin, el sur del continente americano le debe su libertad.  Pero este hombre, de una vida de desempeño notable, vivió muy pocos años en estas tierras. Quizás sea eso, lo que hace aún más meritorio su acción libertadora.

San Martin  fue hijo de españoles. Su padre y sus hermanos fueron grandes militares de los ejércitos reales y él mismo peleó y hasta casi perdió  su vida por defender la corona española. Pero convencido de las necesidades de libertad real de los pueblos, en estas tierras americanas, en 11 años de su vida, fue la pieza clave para independizar a medio continente y otorgarle una identidad propia. José de San Martín fue el hombre de la independencia, el hombre de América.

Su familia

Hablar de la familia San Martín nos remonta al siglo 18, en el norte de España, a la región de Castilla, y la provincia de Palencia. En un pequeño pueblo de agricultores, Cervantos de la Cueva,  nacía Juan de San Martín en febrero de 1728, hijo de Andrés San Martin y de Isidora Gomez. Muy cerca de allí, a menos de 20 km, otro pueblo se llamaba Paredes de la Nava y allí nacía Gregoria Matorras, en marzo de 1735, hija de Diego Matorras y María del Ser, que moriría al poco tiempo de nacida su hija.  Curiosamente, a pesar de ser ambos de la misma región, se conocerían en Buenos Aires, muchos años después.

Es que la vida de Juan San Martín lo trajo a estas tierras, después que hiciera la opción de dejar la agricultura para dedicarse al ejército. A los 18 años ingresó en el  Regimiento de Infantería de Lisboa, donde hizo 4 campañas contra los moros que quedaban en los centros españoles de Africa. Luego de estar 7 años en ese destino, fue ascendido a sargento de la compañía de Granaderos, donde participó en el cuidado de los enclaves de Galicia, Guipúzcoa, Navarra y Extremadura y Andalucía.

Teniendo en cuenta su desempeño, fue enviado a Cádiz y desde allí a Buenos Aires, cuando tenía 35 años.

Gregoria Matorras, que había perdido a su madre de pequeña, decidió en 1767, acompañar a su primo, Jerónimo Matorras que venía a Buenos Aires con el nombramiento de gobernador de la intendencia de Córdoba del Tucumán.

Juan San Martín, en Buenos Aires, fue destinado a cuidar las estancias que habían pertenecido a los Jesuitas en la Banda Oriental, luego que por orden del rey, los religiosos habían sido expulsados de estas tierras.  Juan solía viajar a Buenos Aires y fue allí donde conoció a su futura esposa, con quien se casó en octubre 1770. Ambos se  fueron a vivir en la estancia de Las Vacas, donde nacieron sus hijos María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín y Justo Rufino. Luego en vista de la administración de Juan, lo nombraron  teniente de gobernador del departamento de Yapeyú, ​ que formaba parte del Gobierno de las Misiones Guaraníes en  1775. Será justo en este lugar, donde nacería José Francisco, el hijo menor.

Luego de su pasó por esa gobernación, regresó a Buenos Aires, donde compró dos casas cerca de la Catedral. Pero el matrimonio quería regresar a España y realizó el pedido, que finalmente le fue concedido en 1784.

Todos los hijos varones  del matrimonio fueron a la Escuela y luego siguieron la carrera militar.

La mayor era la única mujer, María Elena, que nación en 1771 y se casó con un militar, con quien tuvo una hija, Petronila. Aunque no volvió a encontrarse con su hermano José, mantuvieron una buena relación por carta y luego de enviudar, se estableció en Madrid, donde moriría en 1852, dos años después que el Libertador, quien en una cláusula de su testamento había encomendado el pago de una pensión de 1.000 francos a María Elena y cuando ésta falleciera, una renta vitalicia de 250 francos a su sobrina Petronila.

El hermano mayor de los varones, Manuel Tadeo, tras participar en la campaña del Rosellón de 1793, combatió  en la guerra contra la ocupación napoleónica de España. Pasó tres años preso y, con la restauración de Fernando VII, ascendió a teniente coronel en 1815 y a coronel en 1817. Las relaciones entre José y Manuel Tadeo no serían  buenas. Cuenta el coronel Manuel Olazábal en sus memorias que, a poco de llegar de Chile y Perú, San Martín recibió un paquete con correspondencia. Leyó las cartas y después, “viendo la letra y el sello de una sin abrirla, y manifestando desagrado, agregó: esta es de mi hermano Manuel ‘Matucho’, que creyéndome aún dictador en el Perú, me escribe por primera vez desde que nos separamos en 1812, no habiéndome contestado a tantas que le he escrito llamándolo a mi lado”.

Juan Fermín Rafael pasó un tiempo embarcado y participó en la derrota española, a manos de los ingleses, en la batalla del cabo San Vicente (1797). Pasó después a la caballería, y en 1802 lo destinaron a Filipinas, al Escuadrón de Húsares de Luzón, donde alcanzó el grado de mayor. Se casó en Manila, donde murió en 1822.

El único de los San Martín que llegó a  una posición militar de jerarquía social fue Justo Rufino que en 1793 pidió su incorporación a los Guardias de Corps, la custodia personal del monarca y la familia real. Allí, Justo participó en el motín de Aranjuez que en 1808 forzó la abdicación de Carlos IV y fue parte de la escolta que acompañó a Fernando VII hasta la frontera francesa, que llevaron a la coronación de José Bonaparte como rey de España. Luchó en los dos sitios de Zaragoza, cayó prisionero de los franceses, pero logró fugarse y siguió combatiendo en Cataluña, Valencia y Andalucía. En estas campañas obtuvo el grado de teniente coronel que luego Fernando VII no le reconoció. Se retiró como capitán. Pero la revolución liberal española de 1820 lo reincorporó como teniente coronel. Justo Rufino fue el único que volvería a reunirse con su hermano, en Bruselas y en París. Moriría en Madrid en 1832.

La carrera militar de San Martin en España

José de San Martín  comenzó sus estudios en el Real Seminario de Nobles de Madrid, un lugar de formación para los hijos de los nobles y los militares. El 21 de julio de 1789, a los once años de edad, José de San Martín comenzó su carrera militar como cadete en el Regimiento Murcia. Su trayectoria militar se inició en los combates contra los moros en Melilla y Orán.

 

Luego  luchó contra los franceses en los Pirineos y contra los portugueses en la Guerra de las Naranjas de 1802 y en  una misión de reclutamiento fue herido gravemente por unos maleantes que intentaron quitarle una maleta con tres mil reales.

También estuvo en la fragata Santa Dorotea, que formó escuadra en el Mediterráneo contra los corsarios berberiscos. Durante este periodo naval conoció en Tolón a Napoleón, al ser enviado en representación de «La Dorotea». El hecho de que el emperador le saludara influyó en la admiración que San Martín profesó siempre al corso como genio de la guerra.

En 1804, su ascenso a Capitán Segundo con 27 años, le obligó a cambiar de unidad. En el batallón de «Voluntarios de Campo Mayor», que se encontraba en Cádiz, conoció al general Francisco María Solano Ortiz de Rosas, Marqués del Socorro, de origen venezolano. Como ambos eran americanos,   Solano, hombre de ideas liberales, acogió con afecto y simpatía a su joven compatriota al que ayudó y aconsejó desde la experiencia.

Tanto Solano como San Martín compartían una visión pesimista sobre el futuro de España y su gobierno en los territorios americanos.

En medio de la invasión napoleónica, Solano murió durante un levantamiento popular contra la sede del Gobierno al ser acusado de connivencia con los franceses. Este hecho a San Martín casi le cuesta también la vida.

Los desastres que trajo la invasión francesa habrían de desviar la carrera militar de San Martín. La Junta Central, establecida contra el gobierno napoleónico, lo ascendió al cargo de Capitán primero en el regimiento del general Castaños. En esta unidad participó en la batalla de Bailén, en 1808 en lo que fue la primera derrota importante de las tropas de Napoleón que se tradujo para San Martín en un ascenso a teniente coronel de caballería el 11 de agosto de 1808.

En mayo de 1811,  participó en la batalla de La Albuera, en Badajoz, donde las tropas españolas, inglesas y portuguesas enfrentaron a los franceses. Aquí hay una curiosidad poco conocida. San Martín peleó en un ejército comandado por el británico William Carr Beresford, el mismo que había invadido Buenos Aires en 1806. Esta batalla para San Martín fue  la brocha de oro a una trayectoria de dos décadas al servicio del Ejército español. Precisamente el carácter multinacional de las fuerzas antinapoleónicas le puso en contacto con los círculos liberales y revolucionarios británicos que tanto contribuirían a la independencia americana. Su larga estancia en Cádiz afianzó durante años esa mentalidad liberal.

La Salida del Ejército Español y El regreso a América

Los movimientos revolucionarios americanos fueron en un primer momento,  más que un lucha independentista, una salida a una forma liberal para reorganizar gobiernos contra el absolutismo imperante. Las monarquías tal como se las concebía, eran una forma de gobierno ya agotadas. El absolutismo, la imposición, el monopolio y todas las formas preexistentes, habían dado sobradas muestras de retraso para millones de colonos, que solo habían recibido explotación para bien de unos pocos. La mentalidad Inglesa, la revolución francesa, los libros de una nueva economía, fueron calando hondo en una generación que consiguió apoyo en los británicos, que habían intentado hacer pie en estos territorios por las armas y habían fracasado. Las guerras en Europa cambiaban de aliados a cada momento. Británicos con Franceses contra españoles. Españoles, franceses y portugueses contra ingleses. Ingleses, españoles y portugueses contra franceses.

Cuando San Martín pasó un tiempo de amistad con Francisco María Solano Ortiz de Rosas, el venezolano influyó en sus ideas liberales. Instalado en Cádiz y con las noticias de las revoluciones americanas, varios pensaron en regresar. Lo que quedaba de España, no tan solo perdían terreno contra los franceses, sino que sostenían un poder inexistente, con ideas retrogradas, por las cuales cada vez menos, los militares estaban dispuestos a defenderlas.

Fue así que en setiembre de 1811, solicitó la baja del ejército español, alegando la necesidad de regresar a Lima, para cuidar a su madre que había quedado allí. Era mentira, pues su madre estaba en Galicia, al norte de España. Claro que las comunicaciones por aquella época no eran ni por cerca lo que son en la actualidad, así que quien iba a poder averiguar si era verdad, más aun en tiempo de guerra. Es más, cuando los españoles le dan la baja del ejercito, dicen en el documento, que lo hacen para ahorrarse un sueldo, una decisión de la que seguramente se arrepintieron toda su vida. Lo cierto es que San Martín partió de Cádiz, pero no lo hizo hasta América, sino que se embarcó a Inglaterra.

Los ingleses que habían intentado convertir a las colonias americanas en británicas y fracasaron, hacía tiempo que habían cambiado de plan. El más fuerte era la necesidad de ayudar a la independencia americana, pues eso les daba a ellos lo que necesitaban: comerciar y terminar con el monopolio español.

En Inglaterra había reuniones y se formaron las llamadas Logias,  que eran  grupos que se reunían en secreto en pos de alcanzar la independencia americana. El venezolano Francisco de Miranda, ya desde varios años atrás, había intentado conquistar y liberar el caribe, pero había fracasado. En sus ideas independentistas, apoyada por Inglaterra había formado el logia llamada la “Gran Reunión Americana”. Cuando San Martín llego a Londres, Miranda ya lucha en tierras venezolanas, pero en su casa, otro venezolano Andrés Bello, lideraba las reuniones de esta logia.  También participaban de estas reuniones Carlos de Alvear y José Matías Zapiola, hombres ligados a familias pudientes de Buenos Aires, con las que mantenían estrecho contacto de los movimientos revolucionarios.  Según el historiador Rodolfo Terragno, en documentos encontrados en Inglaterra, San Martín conoció en detalles el Plan Maitland, que consistía en liberar américa de los españoles comenzando por Buenos Aires y siguiendo por Chile, para terminar en Perú. Una década después, ese plan terminaría de ser ejecutado por San Martin en la acción libertadora. Los contactos y las entrevistas de San Martín en Inglaterra fueron realmente importantes.  Con todo listo, en enero de 1812, partió hacia Buenos Aires  a bordo de la fragata George Canning junto con Alvear, Zapiola, Francisco Chilavert y el barón Eduardo de Holmberg, más el dueño de la embarcación Thoma Eastman, entre otros. La fragata llevaba el nombre del Ministro de Relaciones Exteriores británico que pretendía que América se independizara de España para que Gran Bretaña obtuviera beneficios económicos. El viaje no fue tan tranquilo, pues antes de llegar a Buenos Aires, se toparon en el mar con una escuadra española. El alférez José Matías Zapiola, tomó la capitanía del barco, y con un pasaporte falso, logró burlar a los españoles, que de descubrir la verdad, hubiera corrido otro suerte el viaje y los futuros héroes.

San Martin en su suelo natal

San Martín era un andaluz, en su acento, en sus costumbres. De esta tierra solo tenía su origen y un poco tiempo de vida en Buenos Aires. No tenía familia ni nada que lo identificara con la ciudad, pero si venía con amigos que estaban muy vinculados a los altos círculos de la elite social. Carlos María de Alvear, era integrante de una de las familias reconocidas. La llegada de la fragata era esperada con ansiedad. Llegaron a Buenos Aires en Marzo de 1812 y Monteagudo, redactor de La Gazeta de Buenos Aires, escribió un artículo para informar el acontecimiento.

Sin embargo, de los integrantes del 1° Triunvirato, quien lo recibió bien fue Juan Martín de Puerreydón, pero Manuel de Sarratea y Bernardino Rivadavia todo lo contrario, es más, en una discusión por la forma de gobierno apenas llegado San Martín, tuvo un incidente, en el cual Rivadavia le arrojó una botella en la cara, según cuenta Alberdi.

San Martín en Buenos Aires entendió rápidamente de cuál de los sectores políticos en pugna quería participar. Así formaron la Logia Lautaro, en la que participaron algunos miembros de la llamada Sociedad Patriótica, encabezada por el tucumano Bernardo de Monteagudo. Ellos se reunían en distintos domicilios privados para no ser descubiertos y tenían como finalidad la liberación de los españoles.

A pesar que desde el Triunvirato, no estaban muy complacidos con los militares llegados de Europa, no podían desaprovecharlos, así que le encargaron la creación de un cuerpo de granaderos a caballos, hecho que se formalizó hacia Junio de 1812.

Las familias adineradas de la sociedad porteña, solían por las noches, realizar reuniones en sus casas a las que llamaban tertulias. La familia de don Antonio de Escalada, habitualmente abría las puertas para estas reuniones y fue allí donde San Martin, se encandiló con la hija del dueño de casa. Remedios de Escala era una joven de solo 14 años que se separó de su prometido, Gervasio Dormaz, para casarse al poco tiempo con José de San Martín, el 12 de setiembre de 1812. Este matrimonio, que duró 11 años, no sería el ideal ni mucho menos, ya que por las acciones que llevó adelante San Martín, solo compartieron 3 años de convivencia y por interregnos.

En el mes de octubre de 1812, mientras el triunvirato se debatía en desaciertos e impopularidad, San Martín y sus amigos, prepararían el primer golpe de estado, al reemplazar a sus integrantes en octubre de ese año por una nueva composición, llamada segundo triunvirato. Así terminaban por esos años con el poder de Rivadavia mientras que los nuevos triunviros eran Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte.

 

Bautismo militar en San Lorenzo

Cuando Buenos Aires dejó de ser sede del Virreinato, ese lugar lo ocupó Montevideo. Esta ciudad desde 1811 estaba sitiada por lo que no podía abastecerse más allá de las mercaderías que ingresaban por mar. De esta manera los barcos salían de Montevideo, tomaban el  Río Paraná,  y saqueaban todo lo que podía para abastecerse.

El gobierno de Buenos Aires tomó nota de una situación que venía ocurriendo hace tiempo. Es para recordar que a principios de 1812, fue Belgrano el que creó las baterías en Rosario, para defender a esa villa del vandalismo de los realistas. Fue así que enterados de una nueva acción, enviaron a San Martín y a sus granaderos a lo que sería su bautismo de fuego.

San Martín partió con 150 granaderos de elite que se habían formado en los últimos meses. Destinó a varios para que siguieran la marcha de los buques españoles hasta que se instaló en el convento de Convento de San Carlos. Los barcos realistas con dos cañones y una tropa de 250 hombres al mando de capitán Antonio Zabala, desembarcaron a las orillas del Paraná

Los granaderos ingresaron por la puerta trasera al convento y tenían prohibido hacer fuego o hablar en voz alta. San Martín subió a la torre de la iglesia y ahí mismo diseñó el plan de batalla.  En el amanecer del 3 de febrero de 1913, los granaderos ocupaban los patios ubicados del lado opuesto al río Paraná. A las 5 de la mañana 250 españoles desembarcaron sin sospechar nada, pero eran precavidos: marchaban en doble columna, a paso redoblado, con bandera desplegada en dirección al convento.  San Martín dividió su fuerza en dos compañías, de 60 hombres cada uno. La primera, a su cargo, atacaría de frente mientras que la segunda, a cargo del capitán Justo Germán Bermúdez, daría un pequeño rodeo y atacaría el flanco izquierdo realista para cortarles la retirada. Cuando los españoles vieron la carga de San Martín, se formaron en martillo, y efectuaron una cerrada descarga de fusilería y metralla.  El caballo de San Martín recibió una bala en su pecho. Se desplomó y la pierna derecha del coronel quedó aprisionada por el cuerpo del animal. Junto a él estaba su cuñado, el portaestandarte Manuel Escalada.  Ese momento de indecisión de los granaderos, al ver a su líder caído, fue desbaratado por el capitán Bermúdez, que había hecho un rodeo demasiado largo y que recién llegaba a la acción.  Pero alrededor de San Martín se desarrollaba otro combate. Un soldado español, al verlo inmóvil, le lanzó un golpe de sable a la cabeza que el jefe de granaderos alcanzó a esquivar, a pesar de que le provocó un corte en su mejilla izquierda. Otro español arremetió con su bayoneta, pero el puntano Juan Bautista Baigorria lo mató. Fue el correntino Juan Bautista Cabral quien logró sacar a San Martín, pero a costa de su vida.

Bermúdez y Díaz Vélez encabezaron la persecución de los españoles que buscaban la costa. Una esquirla de metralla le destrozó la rótula a Bermúdez, con lo que quedó fuera de combate. En su ímpetu, Díaz Vélez cayó por la barranca, recibiendo una herida de bala en la cabeza. Fue el único prisionero que tomaron los españoles, y que sería canjeado al día siguiente y moriría el 20 de mayo de ese año a causa de sus heridas.

A las 6 de la mañana, la acción había finalizado. Había durado 15 minutos. Los españoles tuvieron 40 muertos, 13 heridos y 14 prisioneros, mientras que los patriotas 15 muertos, 27 heridos y un prisionero. San Martín tenía una herida en la mejilla y una dislocación del brazo. Los heridos fueron llevados al refectorio del convento, donde recibieron las primeras curaciones. En ese lugar, moriría Cabral. De Buenos Aires habían enviado al cirujano Francisco Cosme Argerich para atender a los heridos. Al día siguiente de la batalla, el jefe español Zabala, herido en una pierna, se acercó al convento. Fue invitado a desayunar. Deseaba conocer a aquella tropa que se había batido con semejante coraje y disciplina. Dos días después del combate, en Buenos Aires la gente festejó la victoria después del mediodía. El gobierno ordenó salvas de artillería y repique de campanas, y dispuso mil pesos a distribuirse entre los vencedores. El primer combate de San Martin, estaba ganado

Entre San Lorenzo y Los Andes

Los primeros meses de 1813, fueron de mucha expectativa. Las victorias de San Martín en San Lorenzo y de Belgrano en Salta, más el comienzo de la Asamblea del año XIII, que tenía a sus espaldas una misión importante, llenaban de entusiasmo a los revolucionarios.

Mientras crecía la figura de Alvear, en los últimos meses de ese año, todo comenzó a oscurecerse. Las derrotas de Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma, dejaron al ejercito del norte en un estado calamitoso, lo que hacía totalmente endeble a la frontera, que tanto poder había ganado después de las victorias de Tucumán y Salta. Los españoles estaban en condiciones de avanzar y para ellos se tomó la decisión de enviar a San Martin a la reorganización de ese ejército.   En el orden político también le daba a Alvear la posibilidad de sacar de Buenos Aires a San Martín y poder avanzar en los planes de concentración del poder que tanto ansiaba, algo que finalmente lo iba a cumplir con la creación del cargo de Director Supremo, que iba a poner en manos de su tío, Gervasio Posada.

San Martin y Belgrano se encontrarían en el norte finalmente en Enero de 1814 y el jefe de los granaderos pasaría varios meses en Tucumán organizando el ejército. En esta provincia creó la Ciudadela, una fortaleza militar donde no solo buscaba adiestrar a la tropa, sino también instruirla en la educación, pues consideraba necesario que un oficial del ejército sea una persona culta, tal como él mismo lo era. Desde Buenos Aires el Director Supremo Posadas le reclamaba la detención de Belgrano, algo que San Martín le negó de manera tajante. Así partió Belgrano a Buenos Aires mientras San Martín tomaba al decisión de dejar en manos de Martín Miguel de Güemes la defensa de la frontera norte.

La salud no lo ayudó, y en abril se dirigió a Córdoba para tratar de recuperarse, mientras hasta el propio Director Supremo Posadas lo daba por muerto y hacía correr ese rumor por Buenos Aires. Este hecho tenía una significación política. Rondeau luchaba contra los realistas en Montevideo y prácticamente los había derrotado, cuando lo mandaron a hacerse cargo del ejército del norte. Alvear  se marchó a Montevideo y se hizo cargo de la gloria final, lo que le daría todo el honor para ser el próximo Director Supremo.

Mientras tanto en Córdoba,  San Martin se reponía de su salud y pedía a Posadas que lo envíe a Mendoza, a donde llegó en los primeros días de setiembre de 1814. Un año antes el triunvirato había creado la gobernación de Cuyo, que antes pertenecía a la provincia de Córdoba. La afluencia de Mendoza con Santiago de Chile, había sido muy común por la cercanía y los contactos históricos de ambas ciudades. Mendoza se encuentra de Chile a unos 400 km de Santiago de Chile, mientras que Buenos Aires está a más de 1000 km de distancia.

Todo lo que pasaba de un lado de la cordillera replicaba inexorablemente en el otro lado y hacia octubre de 1814, los realistas habían recuperado el territorio chileno después de la batalla de Rancagua. El gobierno de Santiago había caído y eso era carta abierta para que los invasores avancen a Cuyo.

Cerca de 2000 chilenos cruzaron la cordillera escapando de la brutal represión del realista Manuel Osorio.  A esto había que agregarle la disidencia que había entre los líderes chilenos Manuel Carrera y Bernardo O’Higgins. San Martín tomó partida por este último, mientras que en Buenos Aires. Alvear, ya enfrentado con San Martín, se acercó a Carreras.

La economía cuyana hasta 1814, no se abastecía de Buenos Aires, sino de Chile, pero al caer en manos realista, la situación era preocupante. San Martín decidió dejar de enviar a Buenos Aires los dineros que se mandaban como impuestos de los productos elaborados en Mendoza, más el diezmo eclesiástico que se mandaba al Arzobispado de Córdoba. Con estos dineros logró recomponer las cuentas más un impuesto extraordinario de guerra a los más ricos de la ciudad. San Martin durante su gobierno en cuyo expropió propiedades de españoles prófugos o sus bienes sin testar. Grabo con un peso cada barril de vino y aguardiente que se vendieran fuera del territorio. Estableció una fábrica de pólvora y un taller de confección de uniformes de los soldados. Impulso la venta de tierras públicas que no eran explotadas para la agricultura. Fomentó la salud y la educación para todos. Reglamento el sistema carcelario. Prohibió el castigo a los niños en las escuelas. Estas y muchas otras acciones le valieron nuevos amigos y no pocos enemigos entre los más adinerados.

En enero de 1815, Alvear se convertía en nuevo Director Supremo  que intentó organizar los ejércitos. El mismo iba a ser el jefe, lo que implicaba que San Martín debía actuar bajo sus órdenes.  Así envió a Cuyo a Gregorio Perdriel a reemplazar a San Martín. Cuando este sustito llegó a Mendoza una revuelta popular le impidió asumir el cargo, por lo que Alvear no tuvo más remedio que ratificar a San Martín.

Alvear intentó marchar hacia las fuerzas del litoral, pero el mismo ejército se sublevó y precipitó su renuncia los primeros días de abril de 1815. Alvear se refugió en Brasil, y despechado por su fracaso dio cuenta de toda la dotación militar de los revolucionarios, tanto en Cuyo como en la Banda Oriental.

El Directorio estaba en manos de Rondeau que había partido a una nueva misión con el ejército del norte y dejaba en manos interinas el poder a Álvarez Thomas.  Caído Alvear cayó también la asamblea sin dictar una constitución ni declarar la Independencia. Asi el  gobierno provisional llamó a un Congreso en Tucumán, para completar la acción que había quedado inconclusa.

En la Banda Oriental Artigas declaraba a Independencia de Los pueblos libres, sin el acompañamiento del gobierno central de Buenos Aires.

En los ejércitos del norte, una vez más esta vez al mando de Rondeau, se obtenían éxitos momentáneos que después se convertiría en revés furibundos. Así se reforzaba la teoría de San Martín de la imposibilidad de conquistar el Alto Perú, teniendo a Lima tan cerca.

Cuando en marzo de 1816 comenzó a funcionar el Congreso de Tucumán la situación no podía ser más complicada. Todas las revoluciones americanas desde México para abajo,  habían caído nuevamente en manos realistas. Fernando VII estaba en el trono nuevamente implantando el absolutismo monárquico. La frontera norte era sostenida por Martín Miguel de Güemes, mientras que las divisiones internas habían separado a medio país, con Artigas al frente de la Banda Oriental, resistiendo como podía las invasiones de los portugueses a esa zona. A todo esto, los realistas desde Chile eran una amenaza permanente. Tomas Godoy Cruz fue el hombre de San Martín en el Congreso de Tucumán y por su intermedio instaba a declarar urgente la Independencia para comenzar a luchar en nombre de un país soberano. Pero es buenos recordar que por Cuyo habían llegado como diputados Narciso Laprida. Fray Justo Santa María de Oro y Juan Martín de Puerreydón. Este último fue justamente a quien el congreso lo nombró Director Supremo y desde ese lugar finalmente apoyó el cruce de los andes.

Fue así que en medio de toda una tormenta política interna en Tucumán, se Declaraba la independencia y cinco días después, el 14 de julio, San Martín se reunía en Córdoba con el Director Supremo Pueyrredón, para delinear la campaña de los andes.

San Martin regresó exultante a Mendoza. A la noticia de la Independencia de la independencia se le sumó otra que interiormente le cambió la vida: el 24 de agosto de 1816 fue padre de Mercedes Tomasa.

Desde entonces y hasta enero del próximo año, toda la dedicación de San Martín fue a preparar el ejército que llevaba la misión de liberar a Chile de la opresión española.

El cruce de los Andes y la libertad de Chile

El cruce de los Andes fue una obra militar de arte preparada por San Martín. Con la ayuda de Pueyrredón y del resto de las provincias logró una tropa de 5000 hombres donde iniciaron su acción militar los esclavos afros o también comunidades aborígenes.

Fray Luis Beltrán se puso al frente de la fábrica de armas multiplicando recursos donde no los había, mientras que las mujeres mendocinas y de distintos puntos del país hasta vendieron sus joyas para lograr sus recursos para la expedición.

La preparación del ejercito fue estricta y el entrenamiento comenzaba a las 5 de la mañana y se extendía hasta el rezo del Rosario  a las 19, con un breve descanso a la siesta.  Y además comenzó una guerra de inteligencia y contrainteligencia que enloqueció a gobernador español en Chile Casimiro Marcó del Pont.

El tucumano Álvarez Condarco viajo a Chile con una copia de la declaración de la Independencia, lo que enloqueció al español que tomó este ato como una falta de respeto. Por ese motivo mando urgente de regreso al militar patriota. Lo curioso es que Álvarez Condarco hizo el camino de ida por el camino de los patos y el de vuelta, por el camino de Uspallata, lo que sirvió para dar detalles de cómo estaban esas rutas por las que luego debía cruzar el ejército de los andes.

Las mujeres espías también jugaron un papel fundamental para dar detalles de los realistas en Chile. Una de ellas llegó hasta las entrañas del poder al convertirse en amante del gobernante español y así poder descifrar los mayores secretos. Otras fueron descubiertas y pagaron con su vida, la labor que habían realizado. Otros fueron espías falsos, que simulaban enviar cartas erradas, dejándose dar alcance, con el objetivo de desorientar a los españoles. También en Mendoza se descubrió que el espía de los españoles era un cura de apellido Lopéz y una red de cinco seguidores. A ellos por lo general también se ingeniaba la manera de hacerles llegar información equivocada que perjudicaba aún más las previsiones de los chilenos para esperar a San Martín.

El cruce de Los Andes se dio por seis pasos distintos. El objetivo era o tan solo lograr vencer en l capital, sino cerrar también las posibilidades en el norte y en el sur.

El primer batallón que partió lo hizo por el sur, por el Portillo en Setiembre de 1816, con el objetivo de distraer las tropas enemigas.

En enero de 1817 comenzaron a partir todas las otras expediciones. En el norte, salió la expedición de Come-Caballos que tenía por objetivo levantar a la ciudad de Copiapó.

Desde San Juan partió la expedición de Guana, para tomar las ciudades de Coquimbo y La Serena.

En el sur la expedición de Paso del Planchón tenía como objetivo tomar Talca y Curicó.  Mientras que desde Mendoza partirían las dos expediciones más importantes. Una por Paso de los Patos que lideraba el mismo José de San Martín y otra que pasaría por Uspallata liderada por Gregorio de La Heras.

El cruce de los Andes fue durísimo y muchos soldados murieron. La puna, la diferencia de temperatura que oscilaba entre los 30 grados de día y 10 grados bajo cero de noche hicieron mella en toda la tropa, incluido San Martín.

Antes de llegar a suelo chileno ya hubo cruces con los realistas. El 24 de enero hubo un primer encuentro  en Pichueta y luego otro en Potrerillo. Las tropas revolucionarias produjeron bajas, tomaron prisioneros y se quedaron con una importante artillería enemiga.

En los primeros días de febrero hubo otros encuentros  con resultados positivos parta las tropas sanmartinianas que ingresaban a territorio chileno y liberaron las poblaciones de San Antonio y Santa Rosa.

El 12 de febrero a las dos de la mañana comenzó el avance de las tropas de San Martin a la luz de la luna. Había dividido a las fuerzas de O´Higgins por el cerro pequeño donde debía esperar a que Miguel Soler realice un rodeo por el cerro más alejado y así  desbandar a las tropas del realista Maroto que en la cima, esperaba el amanecer para bajar a degüello.

Sin embargo el chileno no esperó la llegada de Soler y enfrentó a los realistas que lo superaban en número y le dieron un revés transitorio. Viendo la situación el propio San Martin avanzó sobre los realistas y ordenó a Soler marchar desde donde estuviera hasta el campo de batalla. El encuentro fue cruento y a las dos de la tarde, la batalla estaba ganada.

Chacabuco fue una victoria completa que les dio a los patriotas el dominio de Santiago. Marcó del Pont intentó huir pero fue capturado en Valparaíso cuando se preparaba para abordar un barco hacia Lima. Los chilenos le ofrecen la titularidad del gobierno a San Martín la máxima jefatura de gobierno, como Director Supremo de Chile. Él declina el ofrecimiento y recomienda el nombramiento de O’Higgins.

Tiempo después San Martin tuvo que viajar a Buenos Aires a negociar con Pueyrredón ya que quería seguir adelante con el plan a Lima, algo que encontró la negativa de las fuerzas de Buenos Aires.

Después de varios días de reuniones secretas de la Logia, en la casa de San isidro de Pueyrredón, San Martín emprendió el regreso a Chile, llevándose consigo a su esposa.

Por lo crudo del invierno tuvo que esperar una temporada en Mendoza, pero la salud de Remedios comenzó a deteriorarse por lo que el médico le indicó que era necesario regresar a Buenos Aires.

En Chile, las cosas no estaban mejores. O’Higgins, Monteagudo y Guido se habían enemistado, mientras que los realistas que habían sobre el sur se reorganizaban para recuperar Santiago, una vez más al mando de Manuel Osorio, el mismo que había triunfado en 1814.

Osorio se ubicó en la zona de Concepción y avanzó hacia el norte hasta instalarse en la zona de Tacna.

En la zona conocida como Cancha Rayada, tuvo lugar un primer combate que terminó en una clara victoria de los realistas y que gracias a Las Heras pudo salvarse a 3000 soldados.

Este desastre de Cancha Rayada puso en vilo a San Martín que logro reorganizar su tropa en solo 5 días y marchó al encuentro con los españoles en los campos de Maipú el 5 de abril de 1818.

La batalla fue cruentísima. Los criollos atacaron y los españoles resistieron estoicamente. Sobre el final de la batalla, llegó Bernardo O’Higgins malherido al frente de un batallón que atacó Lo Espejo, donde se guarnecían tropas españolas.

Las bajas patriotas ascendieron a unos 1000 hombres y las realistas, al doble, con 3000 prisioneros y una cantidad significativa de armamento capturado.

San Martín y O’Higgins se abrazaron victoriosos,  en lo que se conoce como  El abrazo de Maipú. Conocida la noticia, el Virrey de Lima dejó de mandar pertrechos a Chile, ya que temía que el próximo paso de San Martín sería entrar a su ciudad.

Mientras tanto el general victorioso  regresó a Buenos Aires y pidió ayuda para continuar su empresa, pero en la capital no tan solo se la negaron, sino que además le propusieron que regrese con su ejército para defender la ciudad de los ataques de las fuerzas de Artigas, a lo que el San Martin se negó.

Pueyrredón se comprometió a conseguir un prestamos entre los más acaudalados de la ciudad, pero eso nunca existió. Es más le pedía  a San Martin que le exija a los chilenos la devolución de un millón de pesos que el gobierno había puesto para la campaña libertadora.  San Martin regresó desilusionado de Buenos Aires y comenzó su campaña para conseguir recursos que le permitieran completar lo que le faltaba a su plan. Mientras en Buenos Aires los problemas internos eran cada vez mayores, San Martin presentó su renuncia a Pueyrredón, al tiempo que se la comunicaba también a O´Higgins. A esta altura la amenaza concreta de la expedición que saldría desde España a recuperar esa antigua colonia era inminente. Después de varias correspondencias, San Martin siguió a Chile a preparar la expedición a Perú.

 

La Libertad de Perú

San Martín en Chile y sin el apoyo de Buenos Aires comenzó la campaña para liberar Lima.

San Martín organizó una fuerza  anfibia que en un principio sería financiada conjuntamente por los gobiernos de Buenos Aires y Chile, pero el gobierno de Buenos Aires se desentendió de los presupuestos, y los costos los asumió el gobierno de Bernardo O’Higgins. Se determinó que el mando del ejército fuera para José de San Martín y de la escuadra para el almirante Thomas Cochrane.

La expedición zarpó el  21 de agosto de 1820 desde Valparaíso llevando un ejército de 4.118 efectivos.

El 7 de septiembre los revolucionarios llegaron a la bahía de Pisco. ​ San Martín instaló  allí su cuartel siendo bien recibido por los pobladores.

Mientras en Lima, el 15 de septiembre, el virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, proclamaba la restauración de la Constitución liberal de Cádiz de 1812, y enviaba una carta a San Martín para negociar, teniendo en cuenta que en España, el absolutismo de Fernando VII había sido abolido. San Martín le aceptó, y el día 25 de septiembre y el 4 de octubre, los delegados de ambos bandos se reunieron en las Conferencias de Miraflores, un pueblo situado al sur de de Lima. Allí no hubo acuerdo y el 4 de octubre Juan Antonio Álvarez de Arenales partió de Pisco, hasta Nasca, donde  el 15 de octubre de 1820 ese pueblo declaró su independencia.  Arenales en su camino ocupó Ica, que juro la independencia el  21 de octubre y siguió hasta Ayacucho que declaró su independencia el 8 de noviembre.

El 6 de diciembre de 1820 tuvo lugar la Batalla de Cerro de Pasco, en donde Arenales batió a una división realista enviada por el virrey Pezuela.

El 21 de octubre de 1820, San Martín, en Pisco, creó la primera bandera y el primer escudo del Perú.

El 23 de octubre de 1820 San Martín y su ejército  se reembarcó hacia el norte, pasando frente al puerto del Callao. Allí el almirante Cochrane, bloqueó por tercera este puerto y capturó a la fragata española Esmeralda, el 5 de noviembre, con lo que se dio un golpe mortal a la marina realista en el Pacífico.

El 9 de noviembre, arribaron al puerto de Huacho (distante a 170 km al norte de Lima), donde desembarcaron. San Martín avanzó hasta Huaura, donde se estableció. Allí por primera vez San Martín proclamó la independencia del Perú, en noviembre de 1820.

El 2 de diciembre de 1820 un batallón realista se sublevó pasándose a los patriotas.

Mientras tanto los distintos pueblos del norte peruano también fueron declarando su independencia.

En los primeros días de enero de 1821 la columna de Álvarez de Arenales regresó de su incursión en la sierra central y se reincorporó a la Expedición Libertadora en la costa.

El 29 de enero de 1821, en el lado realista se produjo el llamado Motín de Aznapuquio donde  los jefes españoles obligaron al virrey Pezuela a abandonar el mando del virreinato peruano, que pasó a manos de José de la Serna.

En marzo Guillermo Miller y Thomas Cochrane avanzaron y tomaron los puertos de Tacna y Arica.

El 4 de junio , el virrey La Serna se entrevistó personalmente con San Martín en la hacienda Punchauca,  a unos 25 km al norte de Lima. Delegados de ambos continuaron las negociaciones pero no se llegó a un acuerdo.​

Lima estaba amenazada por el avance del ejército libertador y el acoso de las montoneras conformadas por hombres andinos.

Así, rendido y sin margen de acción, el 5 de junio de 1821, el virrey La Serna anunció a los limeños que abandonaría esa ciudad y dejaría una fuerza al mando de José de la Mar para que resistiera en el Callao.  A comienzos de julio de 1821 se vivía en Lima una tremenda escasez de alimentos, debido al asedio de las montoneras, que cortaron las vías de comunicación con el exterior.​ En ese contexto, la población solicitó a San Martín que ingresara en la ciudad. A pedido de San Martín se reunió el Cabildo y juró la independencia, la cual se produjo el 28 de julio de 1821.

San Martín asumió el mando político y militar, bajo el título de Protector.

Mientras tanto, Simón Bolívar, avanzaba hasta el norte del Perú. Desde Guayaquil, Antonio Sucre solicitaba ayuda a San Martín, que puso entonces en marcha su ejército hacia  Quitoque obtuvo su libertad en la Batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822.

Luego de esto en Guayaquil, se entrevistaron San Martín Y Bolivar el 26 de julio de 1822. Ambos discutieron el destino de la Provincia Libre de Guayaquil, si debía pertenecer a la Gran Colombia o al Perú y la ayuda que debía prestar la Gran Colombia a la independencia del Perú. También debatieron  el sistema político que se instalaría en el Perú: Monárquico independiente como prefería San Martín o Republicano como quería Bolívar. La entrevista se saldó favorablemente para Bolívar que ratificó la anexión de Guayaquil a la Gran Colombia.​

Luego de este encuentro, José de San Martín se quedaría unos meses más en Lima, hasta que terminaría renunciando a su protectorado el septiembre de 1822.

El gran capitán había cumplido su misión. Su  lucha era contra los otros, y no entre nosotros. Las diferencias con Bolivar no podían corregirse desde el enfrentamiento. En su patria, también las diferencias de pensamiento y acción de sus compatriotas eran cada vez mas marcadas y san Martin, no estaba dispuesto a participar de enfrentamientos internos.

Sabiendo que el objetivo estaba cumplido, regresó un tiempo a Mendoza y luego a Buenos Aires. Visitó la tumba de su difunta esposa y junto a su hija partió a Europa. El Francia moriría el 17 de agosto de 1850.​

 

San Martin un hombre de carne y hueso

José de San Martín fue un hombre de carne y hueso y eso quizás hace mas meritoria aun, toda su labor libertadora. Es que San Martin se puso al frente de un emprendimiento único que quizás hasta nuestros días. Pero es el Jose de San Martín de carne y hueso del que vamos a hablar en estos minutos.

San Martin nación en Yapeyú en 1878. Todos celebran su fecha de nacimiento el 25 de febrero, pero uno de sus biógrafos, Bartolomé Mitre, antes de la batalla de Cancha Rayada escribe: que «en la mañana del 16 de marzo, aniversario del natalicio de San Martín …» cn lo cual estaría indicando otra fecha a las del 25 de febrero.  Hay que decir que no hay papeles que indiquen fehacientemente que nacio el 25 de febrero, ya que cundo los portugueses invadieron yapeyu, toda la documentación fue quemada.

Por otra parte, También hay estudios que indican que José de San Martin fue hijo no reconocido del capital Diego de Alvear, padre de Carlos Alvear, quien por muchos años fue uno de sus grandes amigos y padrino de su boda.

Los que sostienen esta teoría indican que don Diego de Alvear tuvo un hijo extramatrimonial con Rosa Guarú, una aborigen que trabajaba en la casa de la familia San Martin. El le pasó dinero mucho tiempo, y cuando los San Martín se fueron de Yapeyú, ellos lo llevaron junto a sus hermanos, primero a Buenos Aires y luego a Europa. Rosa Guarú, que vivió hasta la edad de 110 años, siempre llevó en el pecho, un escapulario de quien sería su hijo. Es más aún. Una nieta de Diego de Alvear llamada Joaquina relata muchos años después: «Fue el general don José San Martín hijo natural de mi abuelo habido de una indígena correntina…». Este hecho fue desestimado, porque al poco tiempo, su marido la denunció como insana, lo que ayudó también a desestimar su versión.

Por último, también hay historiadores que recaen sobre su color de piel. Morocho y de rasgos aborígenes, distintos al del resto de sus hermanos.

De San Martin hay  varios aspectos a destacar y uno de ellos fue la homeopatía, Probablemente en su primera estadía en Londres en 1811. Tomó contacto con la medicina homeopática y fue uno de los primeros en practicarla en nuestro país. Se conserva en Mendoza su botiquín homeopático muy completo que lo acompañó durante el cruce de los Andes.

El padecía varias, entre ellas artritis reumatoidea, asma, gota y serios problemas gástricos. Además, eran frecuentes sus vómitos de sangre.

San Martín también tuvo interés por la cultura, por la lectura. Fundó y promovió la fundación de bibliotecas. El mism decía: “Los días de inauguración de bibliotecas son tan felices para los amantes de la libertad como tristes para los tiranos”.

En el Museo Histórico Nacional está recreado el cuarto de San Martín. Allí, junto a su cama, hay colgados varios cuadros, entre ellos una marina de su autoría ¿En qué momento se inclinó a pintar? En algunos de sus períodos de inactividad militar en España. Lo hacía muy bien y su especialidad eran las marinas, pinturas de paisajes navales.

En cuanto a la música pudo disfrutar gracias a su amigo Alejandro Aguado, un empresario, de la ópera de París, de veladas líricas y conciertos. Disfrutaba de la pinacoteca de Don Alejandro que incluía obras de Rafael, Leonardo y los mejores pintores de todos los tiempos. San Martín fue un destacado alumno del maestro español Fernando Sor, notable concertista y compositor español.

También practicó jardinería y horticultura en su casa de Grand Bourg, muy cerca de París, por entonces una zona casi campestre. Allí se dedicaba junto a sus nietas al cultivo de flores, plantas y hortalizas que abastecían a la familia.

Pero las actividades de San Martin no se quedan ahí. Fue un muy buen carpintero y ebanista. Esto lo practicó durante su exilio. Fabricaba mueblecitos para las muñecas de sus nietas a quienes dejaba llamarlo “el cosaco” por un gorro que usaba cuando trabajaba.

Como ya dije anteriormente San Martin fue un gran lector y  comenzó a formar su exquisita biblioteca en su adolescencia en España. Una ciudad muy cosmopolita como Cádiz, en la que pasó muchos años, era propicia para ir armando una biblioteca que incluyera los libros prohibidos por la Inquisición. También aprovechó su paso por territorio francés, cuando estuvo un tiempo en Marsella, para comprar los libros revolucionarios que no conseguía en España ni de contrabando. Compró muchos libros en Londres antes de embarcarse hacia Buenos Aires. La biblioteca es muy variada y expresa el espíritu enciclopedista, curioso e inquieto del Libertador. Hay autores que influyeron en la Revolución Francesa como Voltaire, Rousseau y Montesquieu, obras de los protagonistas de la Revolución norteamericana, tratados de Historia, mucho material sobre historia de América en general y de Latinoamérica en particular, obras de ingeniería militar, material de Teología, obras de y sobre los filósofos griegos, tratados de estrategia, de ajedrez, de relojería, sobre religiones orientales, jardinería, ebanistería y carpintería. En total tiene más de 700 volúmenes.

Su relación con las amantes es otro tema bastante debatido.

Todos sabemos que su esposa legítima fue Remedios de Escalada con quien tuvo una hija, Mercedes, que lo acompañó hasta sus últimos días. Pero el matrimonio con Remedios se dio cuando el gran General tenía 34 años, o sea que había agua corrida bajo el puente y otra por correr. Es que por un lado enviudó muy joven y por otro, mientras estaba casado, paso poco tiempo con su esposa. Son muchas las mujeres en la vida de San Martin, incluso se le endilga un hijo en Perú, aun cuando estaba casado con Remedios.

Pero antes de su matrimonio vivió en España y de ahí hay dos nombres dando vuelta. Uno es el de Pepa, la Gaditana, «una manola de vida alegre», de acuerdo a lo que escribe Vicuña Makena, el primer biógrafo de San Martin. La otra solo se conoce que se llamó Lola, pero  a ninguna de las dos se les conoce su apellido

Luego en América, durante sus doce años de victorias y derrotas en las guerras americanas, se acepta que San Martín vivió varios amores.

Cuando estaba al mando del Ejército del Norte se hizo evidente la manifiesta intimidad que San Martín mantuvo con Juana Rosa Gramajo Molina, esposa del dueño de una de las estancias en las afueras de Tucumán en la que se hospedó; Juana era bella, atrevida y la mejor amiga de la amante de Manuel Belgrano.

Se sospecha que San Martín pudo tener una relación con Jesusa, una mulata esclava de los Escalada y que cuando Remedios tuvo que volver a Buenos Aires, producto de su enfermedad, ella se quedó en Mendoza a su lado. Luego la mulata se casó y ahí terminó el romance. Sin embargo, la pareja más conocida de San Martín mientras estuvo en Mendoza, fue una dama mejicana llamada María Josefa Morales de los Ríos, viuda de Pascual Ruiz Huidobro, conocido militar español que apoyó la Revolución de Mayo, fallecido en Mendoza en 1813. En esa provincia eran conocidos como «el Pepe y la Pepa».

Según Sarmiento, en Chile, el Libertador mantuvo un romance con una dama de la aristocracia local cuyo nombre se mantuvo en secreto: no se casaron ni tuvieron hijos.

El Perú, aunque no existe evidencia, se dice que San Martín también tuvo un hijo con Fermina González Lobatón, dueña de un ingenio azucarero.

El romance más comentado durante su permanencia en Lima fue con Rosita Campusano de Cornejo, a quien llamaban «la Protectora». Hija bastarda de un funcionario español con una mulata, fue amante de un acaudalado comerciante español que la introdujo en la sociedad limeña. Los secretos de alcoba que obtuvo de un oficial realista fueron suministrados a los patriotas que así pudieron anticiparse al accionar del enemigo. Por esta actividad clandestina, San Martín le otorgó la «Orden del Sol», a pesar de que la aristocracia de Lima desaprobase esta distinción.

Siguiendo el viaje del general, llegamos a Guayaquil donde, a pesar de la brevedad de su permanencia, mantuvo una relación con una dama de Andalucía, Carmen Mirón y Alayón, que terminó en descendencia: Joaquín Miguel de San Martín y Mirón conoció a su padre mientras este vivía en Europa.

 

 

 

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