San Martin un hombre de carne y hueso

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Más allá del militar, San Martín fue un hombre apasionado, culto, colérico, recto, pero divertido. 

José de San Martín fue un hombre de carne y hueso y eso quizás hace mas meritoria aun, toda su labor libertadora. Es que San Martin se puso al frente de un emprendimiento único que quizás hasta nuestros días. Pero es el Jose de San Martín de carne y hueso del que vamos a hablar en estos minutos.

San Martin nación en Yapeyú en 1878. Todos celebran su fecha de nacimiento el 25 de febrero, pero uno de sus biógrafos, Bartolomé Mitre, antes de la batalla de Cancha Rayada escribe: que «en la mañana del 16 de marzo, aniversario del natalicio de San Martín …» cn lo cual estaría indicando otra fecha a las del 25 de febrero.  Hay que decir que no hay papeles que indiquen fehacientemente que nacio el 25 de febrero, ya que cundo los portugueses invadieron yapeyu, toda la documentación fue quemada.

Por otra parte, También hay estudios que indican que José de San Martin fue hijo no reconocido del capital Diego de Alvear, padre de Carlos Alvear, quien por muchos años fue uno de sus grandes amigos y padrino de su boda.

Los que sostienen esta teoría indican que don Diego de Alvear tuvo un hijo extramatrimonial con Rosa Guarú, una aborigen que trabajaba en la casa de la familia San Martin. El le pasó dinero mucho tiempo, y cuando los San Martín se fueron de Yapeyú, ellos lo llevaron junto a sus hermanos, primero a Buenos Aires y luego a Europa. Rosa Guarú, que vivió hasta la edad de 110 años, siempre llevó en el pecho, un escapulario de quien sería su hijo. Es más aún. Una nieta de Diego de Alvear llamada Joaquina relata muchos años después: «Fue el general don José San Martín hijo natural de mi abuelo habido de una indígena correntina…». Este hecho fue desestimado, porque al poco tiempo, su marido la denunció como insana, lo que ayudó también a desestimar su versión.

Por último, también hay historiadores que recaen sobre su color de piel. Morocho y de rasgos aborígenes, distintos al del resto de sus hermanos.

De San Martin hay  varios aspectos a destacar y uno de ellos fue la homeopatía, Probablemente en su primera estadía en Londres en 1811. Tomó contacto con la medicina homeopática y fue uno de los primeros en practicarla en nuestro país. Se conserva en Mendoza su botiquín homeopático muy completo que lo acompañó durante el cruce de los Andes.

El padecía varias, entre ellas artritis reumatoidea, asma, gota y serios problemas gástricos. Además, eran frecuentes sus vómitos de sangre.

San Martín también tuvo interés por la cultura, por la lectura. Fundó y promovió la fundación de bibliotecas. El mism decía: “Los días de inauguración de bibliotecas son tan felices para los amantes de la libertad como tristes para los tiranos”.

En el Museo Histórico Nacional está recreado el cuarto de San Martín. Allí, junto a su cama, hay colgados varios cuadros, entre ellos una marina de su autoría ¿En qué momento se inclinó a pintar? En algunos de sus períodos de inactividad militar en España. Lo hacía muy bien y su especialidad eran las marinas, pinturas de paisajes navales.

En cuanto a la música pudo disfrutar gracias a su amigo Alejandro Aguado, un empresario, de la ópera de París, de veladas líricas y conciertos. Disfrutaba de la pinacoteca de Don Alejandro que incluía obras de Rafael, Leonardo y los mejores pintores de todos los tiempos. San Martín fue un destacado alumno del maestro español Fernando Sor, notable concertista y compositor español.

También practicó jardinería y horticultura en su casa de Grand Bourg, muy cerca de París, por entonces una zona casi campestre. Allí se dedicaba junto a sus nietas al cultivo de flores, plantas y hortalizas que abastecían a la familia.

Pero las actividades de San Martin no se quedan ahí. Fue un muy buen carpintero y ebanista. Esto lo practicó durante su exilio. Fabricaba mueblecitos para las muñecas de sus nietas a quienes dejaba llamarlo “el cosaco” por un gorro que usaba cuando trabajaba.

Como ya dije anteriormente San Martin fue un gran lector y  comenzó a formar su exquisita biblioteca en su adolescencia en España. Una ciudad muy cosmopolita como Cádiz, en la que pasó muchos años, era propicia para ir armando una biblioteca que incluyera los libros prohibidos por la Inquisición. También aprovechó su paso por territorio francés, cuando estuvo un tiempo en Marsella, para comprar los libros revolucionarios que no conseguía en España ni de contrabando. Compró muchos libros en Londres antes de embarcarse hacia Buenos Aires. La biblioteca es muy variada y expresa el espíritu enciclopedista, curioso e inquieto del Libertador. Hay autores que influyeron en la Revolución Francesa como Voltaire, Rousseau y Montesquieu, obras de los protagonistas de la Revolución norteamericana, tratados de Historia, mucho material sobre historia de América en general y de Latinoamérica en particular, obras de ingeniería militar, material de Teología, obras de y sobre los filósofos griegos, tratados de estrategia, de ajedrez, de relojería, sobre religiones orientales, jardinería, ebanistería y carpintería. En total tiene más de 700 volúmenes.

Su relación con las amantes es otro tema bastante debatido.

Todos sabemos que su esposa legítima fue Remedios de Escalada con quien tuvo una hija, Mercedes, que lo acompañó hasta sus últimos días. Pero el matrimonio con Remedios se dio cuando el gran General tenía 34 años, o sea que había agua corrida bajo el puente y otra por correr. Es que por un lado enviudó muy joven y por otro, mientras estaba casado, paso poco tiempo con su esposa. Son muchas las mujeres en la vida de San Martin, incluso se le endilga un hijo en Perú, aun cuando estaba casado con Remedios.

Pero antes de su matrimonio vivió en España y de ahí hay dos nombres dando vuelta. Uno es el de Pepa, la Gaditana, «una manola de vida alegre», de acuerdo a lo que escribe Vicuña Makena, el primer biógrafo de San Martin. La otra solo se conoce que se llamó Lola, pero  a ninguna de las dos se les conoce su apellido

Luego en América, durante sus doce años de victorias y derrotas en las guerras americanas, se acepta que San Martín vivió varios amores.

Cuando estaba al mando del Ejército del Norte se hizo evidente la manifiesta intimidad que San Martín mantuvo con Juana Rosa Gramajo Molina, esposa del dueño de una de las estancias en las afueras de Tucumán en la que se hospedó; Juana era bella, atrevida y la mejor amiga de la amante de Manuel Belgrano.

Se sospecha que San Martín pudo tener una relación con Jesusa, una mulata esclava de los Escalada y que cuando Remedios tuvo que volver a Buenos Aires, producto de su enfermedad, ella se quedó en Mendoza a su lado. Luego la mulata se casó y ahí terminó el romance. Sin embargo, la pareja más conocida de San Martín mientras estuvo en Mendoza, fue una dama mejicana llamada María Josefa Morales de los Ríos, viuda de Pascual Ruiz Huidobro, conocido militar español que apoyó la Revolución de Mayo, fallecido en Mendoza en 1813. En esa provincia eran conocidos como «el Pepe y la Pepa».

Según Sarmiento, en Chile, el Libertador mantuvo un romance con una dama de la aristocracia local cuyo nombre se mantuvo en secreto: no se casaron ni tuvieron hijos.

El Perú, aunque no existe evidencia, se dice que San Martín también tuvo un hijo con Fermina González Lobatón, dueña de un ingenio azucarero.

El romance más comentado durante su permanencia en Lima fue con Rosita Campusano de Cornejo, a quien llamaban «la Protectora». Hija bastarda de un funcionario español con una mulata, fue amante de un acaudalado comerciante español que la introdujo en la sociedad limeña. Los secretos de alcoba que obtuvo de un oficial realista fueron suministrados a los patriotas que así pudieron anticiparse al accionar del enemigo. Por esta actividad clandestina, San Martín le otorgó la «Orden del Sol», a pesar de que la aristocracia de Lima desaprobase esta distinción.

Siguiendo el viaje del general, llegamos a Guayaquil donde, a pesar de la brevedad de su permanencia, mantuvo una relación con una dama de Andalucía, Carmen Mirón y Alayón, que terminó en descendencia: Joaquín Miguel de San Martín y Mirón conoció a su padre mientras este vivía en Europa.

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