El primer Golpe de Estado

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    El 6 de setiembre de 1930, Uribiru derroca a Hipólito Yrigoyen. Sería la primera interrupción de un gobierno democrático y el comienzo de la llamada Década Infame.

    Al amanecer del 6 de septiembre de 1930, la sirena de la base aérea de El Palomar sonó dando inicio a la asonada. Un avión partió para arrojar panfletos con la “proclama revolucionaria” sobre Buenos Aires.

    Desde el Colegio Militar, Uriburu pidió la renuncia al vicepresidente Enrique Santamaría (el presidente Hipólito Yrigoyen ya había renunciado) e inició su marcha sobre la Capital Federal con algunos escuadrones de caballería, cadetes y civiles que no sumaron más de 1500 hombres. Aunque se estima que unos diez mil hombres del Ejército permanecieron leales al gobierno constitucional –sin ir más lejos, la propia guarnición de Campo de Mayo no se unió a la sublevación–, nunca se impartieron órdenes de reprimir, aparentemente por instrucciones de Yrigoyen, para evitar “un derramamiento de sangre”. Un tiroteo en las inmediaciones de la Confitería El Molino frente al Congreso Nacional fue el enfrentamiento más importante de la jornada.

    Así se dio cita el golpe militar de 1930, dando lugar a la primera dictadura argentina –que abrirá un periodo conocido como la “Década Infame” que puso fin a los gobiernos radicales iniciados en 1916. Este quiebre de la legalidad democrática- burguesa en el país fue un gran intento de restauración conservadora y oligárquica.

    Debemos recordar que la “Década Infame” se produjo en el mundo de entreguerras, marcado por las disputas frente a la hegemonía mundial imperialista, la gran depresión del 29 y un importante ascenso revolucionario de la clase obrera. La quiebra de la bolsa de Nueva York en 1929, repercutió directamente en nuestras tierras con la caída de los precios de materias primas en el mercado internacional.
    Los 30 abrirán así una crisis política en Argentina, entre los sectores de clase dominantes, por cómo responder a las nuevas necesidades económicas para mantener las ganancias y por las relaciones que debían sostenerse con las distintas fracciones del capital extranjero: Estados Unidos y Gran Bretaña.

    El fin del radicalismo, la llegada de los militares
    La UCR era, por aquellos años, el partido burgués más popular, con una base social y electoral muy heterogénea (trabajadores, pequeños productores urbanos y rurales, comerciantes, profesionales y estudiantes) pero era un claro representante de los sectores de la clase dominante, la oligarquía terrateniente y la incipiente burguesía industrial. La UCR se pudo mantener por cerca de 15 años en el gobierno, protegiendo la gran propiedad agraria y arbitrando en los conflictos obreros pero también recurriendo a feroces represiones como en la Semana Trágica en 1919 y en la Patagonia Rebelde de 1920-1922. Los ´30 acabaron con este equilibrio: Yrigoyen no supo cómo responder a las demandas de los diversos sectores al llegar la Gran Depresión.

    Desde la Semana Trágica de 1919, se habían comenzado a conformar grupos fascistas cívico-militares como la Liga Patriótica, descontentos con la táctica de los radicales (ganar apoyo de las masas a través de algunas concesiones).

    El grupo de opositores que derribaron a Yrigoyen se hallaban divididos en su interior, aunque compartían el objetivo de terminar con la inestabilidad del gobierno yrigoyenista y colocar un representante directo de la clase dominante y para terminar con el movimiento obrero organizado. Los opositores se dividían entre “nacionalistas oligárquicos” a los que adhería José Félix Uriburu, influenciados por el ascenso del fascismo en Europa. Sus ideas eran una transformación radical del sistema político a través de la abolición de la Ley Saenz Peña, la suspensión de la Constitución y suprimir elecciones y partidos políticos. Por otro lado, se encontraban los “liberales” cuya intención era no salirse demasiado de los carriles institucionales. A esta tendencia pertenecía el General Agustín P. Justo.

    El proyecto de Uriburu fue el primero en aplicarse y fracasó. Desde 1932 comenzó a regir el proyecto liberal con Agustín P. Justo. Luego comenzaron a desfilar, amparados en el fraude electoral cada vez más escandaloso, Roberto M. Ortiz (1938-1941) y Ramón S. Castillo (1941-1943), todos ellos representantes directos de la oligarquía terrateniente y encargados de profundizar la subordinación de Argentina como semicolonia británica, cuyo emblema es la firma del pacto Roca-Runciman. Una de las medidas más importantes de este pacto fue que Gran Bretaña siguiera comprando carne enfriada (chilled) y Argentina, a cambio, le otorgó la concesión/monopolio del transporte de Buenos Aires.

    Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/El-golpe-del-30-la-primera-dictadura-del-siglo-XX

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