Golpe militar en Chile

    0
    45

    Hace 47 años fue derrocado Salvador Allende y subió al poder Augusto Pinochet.

    La mañana del 11 de septiembre de 1973 marcó para Chile la ruptura más profunda de su historia democrática. Ese día, miembros de las fuerzas militares lanzaron un ataque contra la Casa de la Moneda, palacio presidencial que ocupaba entonces Salvador Allende, y dieron un golpe de Estado con el que se instauró la cruenta dictadura del general Augusto Pinochet, que se extendió por 17 años, hasta el 11 de marzo de 1990.

    La dictadura militar chilena dejó más de 40.000 víctimas, de las cuales alrededor de 3.000 personas fueron asesinadas o desaparecidas en esos 17 años por organismos del Estado. Así lo han revelado distintas comisiones de derechos humanos establecidas para esclarecer la verdad y magnitud de esas violaciones en ese periodo, como la Comisión Valech. Esos informes también han permitido establecer que alrededor de 30.000 personas fueron torturadas.

    Además del panorama de derechos humanos, la dictadura de Pinochet fue el escenario para la implementación de políticas económicas que luego se replicarían en casi todos los países de la región. Los llamados ‘Chicago Boys’ fueron economistas chilenos que se formaron en la escuela neoclásica o neoliberal, en esa ciudad estadounidense, bajo el influjo de economistas como Milton Friedman.

    A su regreso al país, impulsaron políticas de liberalización y flexibilización de la economía que facilitaron el crecimiento macroeconómico y posicionaron a Chile como uno de los países de mejor desempeño en la región hasta el presente, aunque, según múltiples críticos, a costa de profundizar la desigualdad en el país, lo que incluso se reflejó en las protestas y el descontento del 2019.

    Salvador Allende fue elegido como presidente en 1970. Su elección significó un hito en la historia política de América Latina, pues mientras muchos grupos de izquierda adoptaban la vía armada para enfrentar al Estado, y se convertían en guerrillas –bajo la influencia del triunfo de la Revolución Cubana, una década atrás–, Allende se convertía en el primer presidente socialista elegido popularmente en el contexto de la Guerra Fría.

    La elección de Allende cuestionaba entonces el argumento de que por la vía democrática e institucional no podrían adelantarse cambios en las sociedades latinoamericanas. De hecho, el proyecto de su colectividad, Unidad Popular, era buscar una “vía chilena” y democrática al socialismo. Pero esto, en el contexto bipolar de la Guerra Fría, resultaría en una radicalización de la derecha del país y una polarización de la sociedad chilena.

    Para entonces, el general comandante del Ejército era René Schneider, quien decidió mantener el carácter apolítico de las Fuerzas Armadas ante el triunfo de Allender. Sin embargo, Schneider fue asesinado el 25 de octubre de 1970 y dejó de ser una barrera para la abierta participación política de los militares, de ideología mayoritariamente anticomunista.

    Además de una crisis económica creciente, la violencia política se vivía en las calles, con enfrentamientos frecuentes entre grupos de izquierda y derecha, estos últimos, con la colaboración de Estados Unidos y su agencia de inteligencia (CIA). En ese contexto, civiles y militares ya conspiraban para sacar a Allende del poder.

    Augusto Pinochet era considerado, hasta entonces, un militar sin tacha y apolítico, quien se habría integrado solo hasta las últimas semanas a la facción golpista de las fuerzas militares. El mismo Allende lo había nombrado comandante del Ejército en agosto de 1973, en reemplazo del general Carlos Prats, quien se había mantenido fiel al gobierno en ejercicio.

    Ese 11 de septiembre
    Según una cronología del diario ‘El Mercurio’, de Chile, hacia la 1:00 a. m. del martes 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende recibió las primeras notificaciones de movimientos militares en la ciudad de Santiago, capital de Chile.

    A las 7:20 a. m., con una tensión creciente, Allende salió de su casa hacia La Moneda, desde donde 35 minutos después se dirigió al país: “Tenemos que ver la respuesta, espero que sea positiva, de los soldados de la patria que han jurado defender el régimen establecido”.

    Aunque las primeras versiones de militares negaban que se tratara de un golpe, esto se confirmó a las 8:40 a. m. Fue el teniente coronel Roberto Guillard, quien dijo que por “la gravísima crisis social y moral por la que atraviesa el país” las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros “restaurarían” el orden.

    Exigían a Allende que renunciara. Este no solo dijo que no lo haría, sino que rechazó la oferta de salir del país con su familia y se acuarteló en La Moneda, que comenzó a ser bombardeada antes del mediodía, cuando ya había sido casi totalmente evacuada. Guillard dijo que con esto se perseguía «evitar el derramamiento de sangre”. Además del bombardeo, La Moneda era atacada con artillería y armas pesadas.

    A la 1:40 p. m., después de lanzar un discurso final, y tras aceptar el sometimiento, exclama: “¡Allende no se rinde, mierda!” y se suicida. Su cuerpo fue encontrado por los militares que entraron a ocupar La Moneda, que entonces ya ardía por los bombardeos.
    El 11 de septiembre termina con una Junta Militar presidida por Augusto Pinochet al frente del poder ejecutivo chileno, aceptada por el poder judicial. Mientras tanto, el Estadio Nacional y el Estado Chile ya se habían convertido en un campo de prisioneros con más de 5.000 personas capturadas y ya se desplegaba el aparato de terror que se extendió casi dos décadas.

    La dictadura
    A lo largo del régimen militar impuesto en Chile, los derechos civiles y políticos de la población se vieron fuertemente restringidos. Muchos medios de comunicación fueron censurados y la actividad política de cualquier sector no apegado a la dictadura era leída como “extremista” y perseguida. Libros y publicaciones fueron allanados y quemados por los militares.

    El Senado y los partidos políticos –incluso aquellos que apoyaron el golpe– fueron suspendidos, con lo que se rompió una larga tradición democrática. Se llevaron a cabo profundas transformaciones económicas, tendientes hacia la privatización, y además se promulgó una nueva constitución política, en 1980, que solo hasta ahora se está buscando cambiar.

    Miles de chilenos huyeron exiliados hacia otros países de América Latina, principalmente México, o de Europa. En contraste con el experimento económico, miles de violaciones a derechos humanos fueron documentadas, en un largo proceso que solo tuvo fin hasta 1988, cuando en un plebiscito los chilenos votaron mayoritariamente por el fin de la dictadura y las elecciones de 1990, tras las cuales fue electo Patricio Alwyn como nuevo presidente de la República.

    Actualmente, el pasado de la dictadura sigue teniendo vigencia en las discusiones chilenas, pues hay sectores que todavía reivindican la memoria de Augusto Pinochet y el proyecto político que representó el Golpe –llegando a negar o justificar los desafueros y crímenes cometidos por los militares–, mientras que desde el Estado se han impulsado la memoria y los derechos humanos de las víctimas, principalmente por los gobiernos de izquierda que han gobernado al país desde 1990.

    Augusto Pinochet murió el 10 de diciembre de 2006, sin ser juzgado por los crímenes que cometió. Aunque hubo intentos de enjuiciamiento, tanto en Europa como en Chile, tras su regreso, estos no lograron concretarse antes de que muriera a los 91 años por una descompensación cardiaca después de sufrir un infarto una semana antes.

    Fuente: https://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/chile-11-de-septiembre-47-anos-del-golpe-de-estado-a-salvador-allende-536438

    Dejar respuesta

    Please enter your comment!
    Please enter your name here