La historia del Milagro salteño

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    El 10 de setiembre de 1692 la tierra comenzó a temblar y arrasó con la ciudad de Esteco, cerca del río Piedras.

    Los días subsiguientes fueron iguales, con una seguidilla de temblores en la zona. Muchas personas acudieron a la Iglesia Matriz. El pueblo salteño rogó a la Virgen que intercediera ante Su Divino Hijo, para que tuviera misericordia de la ciudad y de sus habitantes.

    El 15 de septiembre, la tierra continuaba moviéndose y un sacerdote jesuita, el R. P. José Carrión, comenzó a pedir que “se sacase en procesión pública al Señor Crucificado que se tenía olvidado, para que cesaran los temblores”.

    Pasaron los años y el 18 de octubre de 1844 Salta vivió otro fuerte temblor. Nuevamente los salteños acudieron a la Virgen y al Señor del Milagro y se sacaron las imágenes en procesión. Ese año los salteños realizaron un pacto de fidelidad y de alianza con el Cristo del Milagro, con la lacónica fórmula: “Tu noster es et nos tui”, Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos.

    El 23 de agosto de 1948 volvió a repetirse la historia. Salta fue sacudida nuevamente por temblores. Los salteños reaccionaron inmediatamente y sacaron en procesión a las Milagrosas Imágenes.

    La Festividad del Señor y la Virgen del Milagro

    Así, todos los años, los salteños celebran a sus santos patronos. Desde el mes de julio, la Catedral basílica entroniza las imágenes y se realizan misas y celebraciones en honor al Señor y a la Virgen del Milagro.

    Durante el mes de agosto, escuelas de toda la provincia visitan a las imágenes y se realiza “el Milagrito”, la procesión de los más pequeños.

    Finalmente en septiembre, la provincia repite año a año el mismo ritual. Con el inicio del mes de la primavera, peregrinos de todo el territorio provincial y provincias vecinas, comienzan su camino hacia los santos patronos: en bici, a caballo o a pie.

    Según los relatos del profesor Luis Oscar Colmenares la historia del Señor y la Virgen del Milagro comienza con el primer Obispo que gobernó la diócesis de Tucumán, Fray Francisco de Victoria. Él fue quien bendijo la ciudad de Salta fundada por Hernando de Lerma en 1582.

    Fray Francisco de Victoria regresó a España en 1590 y mantuvo vínculo con Salta, así fue que regaló y envió dos imágenes para la diócesis de Tucumán: un Cristo para la Iglesia Matriz de Salta y una Virgen del Rosario para el convento de los Dominicos de Córdoba. El barco que trasladaba las imágenes sufrió un naufragio y ambas imágenes llegaron flotando al puerto del Callao en Perú, en el Océano Pacífico. Cada imagen estaba ubicada en un cajón, donde estaba escrito su destino: «Un Cristo Crucificado para la Iglesia Matriz de Salta», rezaba la leyenda.

    Los peruanos transportaron las imágenes desde el Puerto del Callao a Salta, por lo que el Cristo llegó a Salta en 1592 y, la Virgen con posterioridad. «El Milagro en Salta comenzó por un obsequio», contó en su momento el Padre Marcelo Singh.

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