El asesinato de Víctor Jara

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    Torturado y baleado, el cantante y docente chileno fue una de tantas víctimas de las Fuerzas Armadas tras el 11 de septiembre de 1973. «Fue imposible despedirnos como correspondía. Si lo hubiésemos hecho, me habría aferrado a él, y no le habría dejado marchar», recuerda su viuda Joan Jara.

    «Es una mañana fría, melancólica, nublada». Así Joan Jara, viuda del cantante Víctor Jara, parte relatando cómo fue para ella el 11 de septiembre de 1973. «En el camino de vuelta enciendo la radio del coche y me entero de que Valparaíso ha sido acordonado y está teniendo efecto un movimiento de tropas desacostumbrado. Los sindicatos convocan a todos los trabajadores a reunirse en los lugares de trabajo porque se trata de una emergencia, una alerta roja. Me doy prisa para contárselo a Víctor. Cuando llego le encuentro levantado y manipulando la radio, con la intención de sintonizar Magallanes u otra emisora partidaria de la Unidad Popular. ‘Parece que ya empezó’, nos decimos».

    Aquel testimonio de la bailarina y activista británica -nacionalizada chilena-, presente en Víctor, un canto inconcluso, es uno de los más humanos que rememora la figura del autor de «Luchín». El recuerdo de su esposa lo muestra como alguien preocupado por su familia pero también de sus colegas profesores de la Universidad Técnica del Estado y alumnos, a quienes acompañó hasta el último suspiro, dedicándoles incluso su texto final.

    La detención de miles

    Martes 11 de septiembre de 1973, pasadas las 9 de la mañana. Tras una breve conversación con Joan en donde determinaron qué harían tras el bombardeo en La Moneda, Víctor Jara partió rumbo a la UTE. Ese día Salvador Allende se presentaría en la universidad, donde anunciaría su decisión de realizar un plebiscito, y el cantautor abriría en su visita. Sin embargo, todo cambió de planes y el entonces presidente se mantuvo en La Moneda. «Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo», fue parte del discurso final del mandatario, el cual transmitió Radio Magallanes.

    «Fue imposible despedirnos como correspondía. Si lo hubiésemos hecho, me habría aferrado a él, y no le habría dejado marchar», rememora Joan. «Volveré en cuanto pueda, mamita… tú sabes que tengo que ir… mantén la calma», fueron las últimas palabras de Víctor a su amada.

    En la UTE permanecieron cerca de 600 alumnos, docentes -incluyendo a Víctor Jara, quien pudo hablar por teléfono con Joan un par de veces desde allá- y el rector Enrique Kirberg, mientras tanques y soldados circulaban por la Alameda, Matucana y las calles que rodean a UTE. Tras eso, el miércoles 12 de septiembre vino el ataque: gran parte de la infraestructura del recinto ubicado frente a la Estación Central fue destruida.

    Ya dentro de la universidad, pidieron a los presentes tirarse al suelo. Algunos se suicidaron, otros fueron fusilados y golpeados, mientras la gran mayoría de quienes eran testigos del cambio radical en Chile fueron trasladados, con sus manos en la nuca, al Estadio Chile. En dicho recinto también llegaron otros detenidos de distintos puntos de la capital.

    Estadio Chile

    «Tú no me conoces, compañera, pero tengo un mensaje para ti de tu marido. Acabo de salir del Estadio Chile. Víctor esta allí. Me pidió que te dijera que trates de mantener la calma y quedarte en la casa con las niñas, que él dejó el coche en el estacionamiento de la Universidad Técnica y que quizá tú puedas enviar a alguien para que te lo traiga. No cree que le dejen salir del estadio». Esas fueron las únicas noticias certeras que tuvo Joan del cantautor, tras una llamada telefónica de un desconocido. Era ya el jueves 13.

    Mientras algunos no tenían cómo informarse de lo sucedido, en centros de detención miles de chilenos eran torturados. En el Estadio Chile, según consta la investigación del caso, las mujeres fueron golpeadas, violadas, además de ser usadas para simulaciones de fusilamientos y obligadas a ingerir excremento; como también algunos hombres eran golpeados hasta la muerte, con otros jugaban a la ruleta rusa y otros tantos fueron torturados durante sus interrogaciones. Uno de ellos precisamente fue Víctor Jara.

    A continuación el relato de uno de los testigos de los vejámenes que recibió el cantautor chileno nacido en San Ignacio que recoge la investigación adjunta en el fallo de 2018:

    «Era un oficial de Ejército, ignoro su nombre, de los que estaba a cargo del Estadio Chile. Lo señala con el dedo y empieza a gritar: ‘Ese miserable, me lo traen para acá’, y dos soldados arrastran a Víctor a los pies del oficial quien lo empieza a golpear, mientras Víctor permanecía con las manos en la nuca, con puntapiés en cualquier parte de su cuerpo. Uno de los puntapiés le da en plena cara, casi sacándole un ojo. El oficial grita desaforado e histérico, y en medio de gruesos improperios le grita que es un cantor marxista, un hijo de puta que le canta versos a Allende y en un momento desenfunda su pistola y todos los que presenciábamos esta tortura, pensamos que el militar le iba a disparar en la cabeza a Víctor, pero se limita a golpearlo con el arma en la cabeza de Víctor y su rostro se llena de sangre».

    Gran parte de los testimonios de quienes estuvieron en el Estadio Chile esa semana de septiembre de 1973 mencionan constantemente a una figura: el oficial del Ejército apodado «El príncipe» -ya que él mismo decía tener voz de príncipe, según las declaraciones que recoge la investigación-, quien era conocido por su violencia desmedida. Varios detenidos contaron que mató a más de alguno de los presentes a punta de culatazos con su fusil. Además, los relatos concordaban en que él era quien solía ordenar las torturas y ejecuciones.

    El panorama desolador fue registrado por el mismo Víctor Jara en su último texto, conocido como «Estadio Chile». Con la ayuda de un compañero, que escondió el papel en un calcetín, el escrito pudo ver la luz.
    La matanza es acto de heroísmo.
    ¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
    ¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?».
    Desconociendo si el cantautor estaba vivo o no, Joan buscó ayuda en la Embajada Británica, pero no tuvo éxito.

    El cuerpo de Víctor

    Días después del 11 de septiembre, y tras haber vivido los vejámenes anteriormente mencionados, el cadáver de Víctor Jara fue dejado, junto con otros, en las cercanías del Cementerio Metropolitano, en la comuna de Lo Espejo. La escena fue vista por Margarita Riquelme, militante comunista, quien le comunicó lo sucedido a Mónica Salinas, presidenta de la Juntas de Abastecimiento y Control de Precios (JAP) José María Caro del MAPU.

    El llamado de Héctor
    Era martes 18 de septiembre. Una semana había pasado del Golpe de Estado. Por decreto militar, como recuerda Joan, debían sacarse las banderas para «celebrar el día del a Independencia de Chile». Ese mismo día un muchacho de las Juventudes Comunistas llegó al domicilio de Joan.

    En esa época el misterioso joven, llamado Héctor Herrera, trabajaba en la Sección de Identificación del Registro Civil. Días atrás, precisamente el 15 y 16 de septiembre, fue con otros trabajadores al Instituto Médico Legal, lugar que estaba colmado de cadáveres, la gran mayoría de ellos con impactos de bala. Los cuerpos eran dejados ahí por militares. En paralelo, también estuvo trabajando en la morgue. Entre los cuerpos que pudo identificar ahí vio a Víctor Jara. Por lo mismo, acudió a la casa de Turner. «Tiene que venir, porque su cadáver lleva allí casi cuarenta y ocho horas y, si nadie lo reclama, se lo llevarán y lo enterrarán en una fosa común», le advirtió Héctor.
    Ahí, en el segundo piso de la morgue, Joan Turner se encontró con su amado.

    El informe del Servicio Médico Legal relata la brutalidad cometida con el cantautor: «Se identificaron un total de 56 fracturas óseas señalándose, en el pericial médico forense, que la causa de muerte de la víctima se produjo como consecuencia de traumas por arma de fuego observadas a lo largo del cuerpo, por shock traumático-hemorrágico en causa de muerte de etiología homicida y violenta, sin poderse determinar el total de las heridas de bala recibidas». Pese a esto último, las distintas pericias han afirmado que fueron 44 los disparos que recibió Jara.

    «En ese momento también murió una parte de mí», recuerda la viuda de Víctor Jara, quien le contó a sus hijas lo sucedido varios días después.

    Los restos del cantante permanecen en el Cementerio General, ubicado en Recoleta, Santiago.

    Fuente: https://www.latercera.com/culto/2019/09/18/ultimos-dias-victor-jara/

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