La polémica muerte de Pablo Neruda

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    La teoría de que Pablo Neruda podría haber sido asesinado en lugar de haber muerto por causas naturales lleva años en el aire. Tras el golpe militar chileno contra Salvador Allende del 11 de septiembre de 1973, la salud del escritor se agravó de forma considerable. El 19 de ese mismo mes fue trasladado de urgencia desde su casa en Isla Negra a la clínica Santa María de Santiago, donde finalmente murió el día 23, según la versión oficial debido a un cáncer de próstata, que le produjo una alarmante pérdida de masa muscular esquelética conocida como caquexia. Sin embargo, la exhumación de los restos del Nobel de Literatura parece desmentir esta versión y confirma que el poeta fue envenenado. Así lo ha afirmado recientemente en una rueda de prensa un equipo formado por 16 médicos forenses, según los cuales están «cien por cien convencidos» de que la causa de la muerte de Neruda no es la que se había sostenido oficialmente.

    Además de ser uno de los poetas más grandes del siglo XX, Neruda fue famoso por su activismo político, de inclinación comunista y partidario del gobierno marxista del presidente Salvador Allende. Cuando el general Augusto Pinochet dio el golpe de Estado en 1973 asumió el control de Chile y exterminó cualquier rastro de disidencia política, perpetrando numerosos abusos contra los derechos humanos. Después del suicidio de Allende, que optó por ese camino antes de rendirse, Neruda planeó exiliarse, probablemente con la intención de combatir ideológicamente al gobierno de Pinochet desde el extranjero. Y he aquí que, como afirma The Guardian, el día antes de su marcha el escritor fue llevado en ambulancia a la clínica donde moriría cuatro días después. No es descabellado pensar que Pinochet hubiera preferido quitarle la vida a Neruda antes de que se marchara al exilio, ya que el escritor contaba con apoyos influyentes en la comunidad internacional y podría haberse convertido en un enemigo muy crítico con el régimen.

    En 2011 Clarín publicó un artículo en el que se recogían declaraciones de Manuel Araya Osorio, asistente del poeta desde noviembre de 1972 hasta su muerte, que afirmaba que aunque Neruda tenía cáncer de próstata, no parecía estar a punto de morir. Además decía que el poeta le había revelado poco antes de morir que alguien le había inyectado alguna sustancia en el estómago mientras dormía.

    Aunque esta posibilidad fue desmentida por la Fundación Pablo Neruda, que además se oponía a la exhumación del cadáver del poeta por considerarlo una profanación, en 2013 un juez que tenía abierta una investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte del poeta, ordenó la exhumación del cuerpo. Según Patricio Bustos, director del Servicio Médico Legal de Chile, los resultados de los exámenes toxicológicos descartaban que Neruda hubiera sido envenenado.

    Sin embargo, a la vista de estas conclusiones, el sobrino del escritor, Rodolfo Reyes, seguía insistiendo en que terceras personas habían estado involucradas en la muerte de Neruda y anunció que pediría nuevas diligencias. En 2015 un nuevo grupo de especialistas españoles hallaron en los restos del poeta restos del estafilococo dorado, una bacteria que no tiene nada que ver con los tratamientos del cáncer y que, si se altera, puede resultar muy tóxica e incluso acelerar la muerte de una persona. En un artículo publicado en The New York Times Niels Morling, miembro del departamento de medicina forense de la Universidad de Copenhague y uno de los expertos que ha analizado los restos, afirma que la causa de la muerte que se viene sosteniendo de forma oficial «podría no ser correcta», puesto que «no hubo indicios de caquexia», teniendo en cuenta que en el momento de la muerte el escritor era un hombre obeso y que todas las demás circunstancias en la última fase de su vida apuntaban a que se produjo algún tipo de infección.

    La bacteria, potencialmente mortal, fue encontrada en uno de los molares de Neruda, pero todavía queda por determinar si no llegó hasta allí después del fallecimiento. «No podemos confirmar cómo llegó la bacteria hasta allí», dice Debi Poinar, investigador del departamento de antropología de la Universidad McMaster en Ontario, y continúa: «Tenemos que ser muy cuidadosos porque hay muchas bacterias que tienen su origen en el suelo y algunas de esas bacterias son las más patógenas. Tenemos algunas indicios de que es una bacteria antigua, no un contaminante moderno o de laboratorio».

    Es por eso que antes de confirmar definitivamente la teoría del asesinado es necesario continuar con el análisis para determinar el origen de las bacterias encontradas en los restos de Neruda. La hipótesis, desde luego, está lejos de ser descabellada. Curándose en salud, en 2015 el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior de Chile elaboró un informe (con nota de prensa) en el que concluían que «resulta claramente posible y altamente probable la intervención de terceros en la muerte» de Neruda.

    Entonces, ¿murió Pablo Neruda de cáncer o fue asesinado?

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