Hernando de Magallanes llega al Río de la Plata

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    El 12 de enero de 1520, cinco naves con 235 tripulantes a bordo, se internan en las barrosas aguas de un mundo casi desconocido. Después de navegar frente a los desiertos parajes donde hoy se levantan Punta del Este, Montevideo y Colonia del Sacramento, la expedición del portugués Fernando de Magallanes, al servicio de Carlos I de España, llega en busca de las míticas islas Molucas al Río de la Plata. Fueron 28 días en los que la flota sufrió una terrible sudestada y donde navegaron, con gran cuidado y sondeo permanente, el río más ancho del mundo.

    Exploraron el Río Uruguay, el propio Magallanes cruzó a la otra orilla, 20 leguas de ancho, y establecieron contacto con los indígenas, y dejaron registros que son parte de una hazaña excepcional: la primera vuelta a la Tierra que no concretó el propio Magallanes pero sí Sebastián Elcano.

    Todo esto era parte de una obsesión de la corona española de evitar que los portugueses descubrieran primero el paso entre dos océanos desconocidos.

    Era costumbre de la corona indicar que el dinero para financiar la expedición lo debían aportar los interesados, y Magallanes lo encontró en el rico comerciante Cristóbal de Haro, que sería su socio capitalista en la aventura.

    Solís había llegado antes a estas aguas pero había fallecido y Magallanes lo bautizó como el Mar de Solís, en homenaje al primer descubridor. Sin embargo los portugueses lo llamarían Rio de la Plata, algo que la corona española quería evitar, ya que al nombrarlo como su descubridor pertenecería a España.

    Luego Magallanes siguió su viaje hacia el sur y el estrecho que comunica los dos océanos lo bautizó con su nombre.

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