A 30 año de la Intervención Federal a Tucumán

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    El 18 de enero de 1991, asumía como interventor de la provincia de Tucumán, Julio Cesar Araoz, abogado y político cordobés a quien el entonces presidente Carlos Menem le daba la responsabilidad de gobernar la provincia de Tucumán, convulsionada por la renuncia de José Domato, en medio de una crisis política, económica y social mas que importante.

    Mientras las cuestiones políticas iban y venían, en las calles, los paros, las manifestaciones, los reclamos de todo tipo ya eran moneda corriente. José Domato se fue quedando solo y en los primeros días de enero la situación era realmente insostenible.

    Los números del viejo Banco de la Provincia de Tucumán estaban en rojo; también ardían los índices de la desocupación. A los jubilados se les adeudaba dos meses y medio de haberes, y la mitad del Sueldo Anual Complementario. La falta de recursos había puesto a la Provincia en una situación de virtual cesación de pagos. La crisis en los ingenios no paraba de engordar. Tal era el escenario en la provincia hacia el tórrido enero de 1991. Al Gobierno le quedaban 11 meses de gestión, pero la intervención federal había dejado de ser un tímido rumor y se había convertido en una posibilidad cierta que, finalmente, se concretó.

    El entonces presidente, Carlos Ménem, esquivó el Congreso y decretó la intervención en Tucumán. El cordobés Julio César “Chiche” Aráoz había sido el elegido y asumió el 18 de enero. La medida -abarcaba los tres poderes del Estado- convirtió a Tucumán en la primera provincia intervenida, tras la vuelta de la democracia

    El mes finalizó sin alivios para Domato: la Justicia provincial ordenó su detención, junto a la de otros miembros de su gabinete, en base a las denuncias efectuadas por la Intervención Federal

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