Solis llega al Río de la Plata

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    La expedición de Solís es la primera que documenta con certeza el descubrimiento del Río de la Plata.​ Fue realizada al mando del piloto mayor Juan Díaz de Solís, entre 1515 y 1516, por orden del rey Fernando el Católico, con la intención de llegar a las islas Molucas descubriendo un paso entre los océanos Atlántico y Pacífico.

    Una narración de la expedición de Solís fue realizada por el cronista mayor de Indias, Antonio de Herrera, nombrado por el rey Felipe II en 1596 para investigar en los archivos. Herrera publicó en 1601 la Historia General de las Indias Occidentales, comprendiendo los sucesos ocurridos hasta 1531, entre los cuales se halla la expedición de Solís.

    Díaz de Solís consiguió el favor del rey Fernando, quien, por su capacidad y pericia como marino, lo consideró como primer candidato al puesto de piloto mayor de Castilla, a la muerte de Américo Vespucio (22 de febrero de 1512). El 25 de marzo de 1512 Solís se convirtió en el sucesor de Vespucio y en almirante de la flota del descubrimiento española.

    El 27 de marzo de 1512 Solís capituló con el rey Fernando para viajar con dos barcos a efectuar la demarcación de la línea del Tratado de Tordesillas, pero el rey suspendió el viaje el 30 de septiembre de 1512 a causa de las protestas portuguesas encabezadas por el embajador Juan Méndez de Vasconcelos. Sin embargo de que los documentos reales son concluyentes respecto de la suspensión del viaje, el cronista general de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo aseveró en 1541 en su Natural é General Historia de las Indias que el viaje se realizó:

    La expedición debía descubrir un paso para llegar a las Molucas (islas de la Especiería) y estaba equipada con tres pequeñas carabelas y sesenta marineros. El monopolio del comercio con Oriente estaba en manos de la Corona portuguesa, que temía perderlo en favor de los españoles y por ese motivo desarrollaba una ingente tarea de espionaje en todos los puertos que su rival pudiera utilizar para enviar expediciones.

    Luego de hacer una escala de reaprovisionamiento en Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias, se dirigieron a la costa del Brasil, que alcanzaron al divisar el cabo San Roque, al sur del cabo de San Agustín, hacia donde los llevaron las corrientes marinas. Continuaron luego siguiendo hacia el sur la costa brasileña, pasando por el cabo Frío, la bahía de Guanabara («río de Genero», o «río de Janeiro»), en donde obtuvieron provisiones de los indígenas. Luego pasaron por el «cabo de Navidad», y alcanzando el «río de los Santos Inocentes» el 28 de diciembre (actual Santos). Díaz de Solís navegó lentamente hacia el sur a la vista de tierra, pasando el «cabo de Cananea» (Cananéia, el 6 de enero) y alcanzaron luego una isla a la que Díaz de Solís denominó «de la Plata» (posiblemente la «isla San Francisco» o la isla de Santa Catalina y una bahía ubicada a 27° sur que se llamó «de los Perdidos».

    Prosiguió explorando la costa riograndense y la uruguaya, pasando el «cabo de las Corrientes» (posiblemente el de Santa Marta Grande) y la «isla de San Sebastián de Cádiz» el 20 de enero (cercana al cabo Polonio), alcanzando la isla de Lobos y Punta del Este el 2 de febrero. Allí tomó posesión de la tierra en nombre del rey de España, erigiendo una cruz al son de trompetas ante el escribano Alarcón, llamando al lugar «Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria» (posiblemente en la actual Maldonado). En la capitulación se indicaba que la toma de posesión se hiciera «donde haya algún cerro señalado o árbol grande».

    Ingresaron así en el Río de la Plata, una enorme extensión de agua dulce fruto de la unión de los ríos Paraná y Uruguay. Al confundirlo con un brazo de mar sin salinidad, Díaz de Solís lo bautizó «mar Dulce», y pudo penetrar en él gracias al escaso calado de sus tres carabelas.

    Díaz de Solís exploró el río con una carabela chica en busca del paso hacia el mar del Sur, pasando frente al «río de los Patos» (posiblemente el río Santa Lucía) e hizo escala en la isla Martín García, que bautizó así porque allí tuvo que sepultar al despensero de ese nombre, fallecido a bordo de la carabela, convirtiéndose Díaz de Solís en el primer europeo en poner pie en forma comprobada en lo que hoy constituye la República Argentina.

    Viendo indígenas en la costa oriental, Díaz de Solís intentó desembarcar en un bote con siete de sus tripulantes (entre ellos Alarcón y Marquina, cuatro marineros y el grumete Francisco del Puerto), en un paraje entre Carmelo y Punta Gorda, o en alguna isla situada frente a esa costa. Solís y sus compañeros fueron atacados por sorpresa por un grupo de indígenas que los mataron y descuartizaron ante la mirada del resto de los marinos, que observaron impotentes desde el buque, fondeado a tiro de piedra de la costa. Los cadáveres fueron asados y devorados por los indígenas, que fueron identificados como charrúas, sin embargo de que estos no eran caníbales, pero sí sus vecinos guaraníes (los chandules) que vivían en las islas situadas en la cercana costa opuesta.

     

     

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