Comienza el ultimo viaje de Mariano Moreno

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    Con las primeras luces del jueves 24 de enero de 1811 la goleta inglesa Fama soltó amarras desde el puerto de Buenos Aires con destino a Londres. A poco de partir, su pasajero más ilustre, el recién renunciado secretario de Gobierno y Guerra de la Primera Junta, Mariano Moreno, un joven que nunca había gozado de buena salud, se sintió enfermo y le comentó a sus acompañantes con gesto adusto: “Algo funesto se anuncia en mi viaje”. Su presentimiento no era infundado.

    Pocos días después, el lunes 4 de marzo, moría en alta mar en extrañas circunstancias. Su cuerpo fue arrojado al agua. Tenía sólo 32 años. Cornelio Saavedra (su gran rival en la Primera Junta) al enterarse de su muerte expresó: “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”.

    La teoría más difundida sostiene que Moreno fue asesinado por sus enemigos. Afirma que agentes de Cornelio Saavedra dirigidos por Pedro Medrano, se habrían asegurado de embarcase en Ensenada. A ello agregan que, el 2 de febrero de 1811, Guadalupe Cuenca, la mujer de Moreno, recibió en su casa un paquete sellado con un abanico, un velo y mitones de luto, con un anónimo: «Mi estimada señora: Como sé que va usted a ser viuda, me tomo la confianza de remitirle estos artículos que pronto corresponderán a su estado».

    Para darle un tono más conspirativo, se sostiene que la Junta Grande, conducida por Saavedra suscribió, el 9 de febrero de 1812 un contrato de provisión de armas para los ejércitos patrios que indicaba que se tenía que poner de acuerdo con Moreno en Londres pero luego acotab: «Si el señor doctor don Mariano Moreno hubiere fallecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho con el doctor Moreno». Una cláusula vista como de capciosa naturaleza profética, al prever la muerte de Moreno.

    El 31 de Julio de 1811, muerto Moreno y habiendo arribado a Londres sus secretarios, Manuel Moreno y Tomás Guido, éstos advirtieron que las armas adquiridas por Padilla estaban sobrevaluadas.

    El capitán de la fragata Fame nunca retornó a Buenos Aires

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