La muerte de Marcelo T. de Alvear

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    Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, falleció el 23 de marzo de 1942. Fue Presidente de la Nación entre 1922 y 1928, período en el cual Argentina se convirtió de un país basado, con algunas pocas excepciones, en la producción primaria, cuando sin abandonar ese recurso, creció fuertemente en su desarrollo industrial y tecnológico lo que lo llevó a convertirse en la sexta potencia mundial en función de su Producto Interno Bruto (PIB) Per Cápita al tiempo que el salario real creció de manera significativa en su poder de compra y se aplicaron importantes normas sociales en favor de los sectores más postergados.

    Durante ese período, además de la aparición de muchas pequeñas y medianas empresas y la continuidad del avance de algún gran conglomerado local como el Grupo Tornquist, se radicaron en la Argentina 58 consorcios extranjeros, en un alto porcentaje con casas matrices en los Estados Unidos de América, de los cuales el primero en llegar fue el de la automotriz Ford Motor Company y el último, antes de la finalización del mandato en 1928 el de la industria química Stanford Rousselot. Entre otras empresas se pueden citar la también automotriz General Motors, la aseguradora Boston, las envasadoras de gaseosas Crush y Coca-Cola, la petrolera Standard Oil, la alimentaria Royal, el laboratorio Parke Davis, la farmacéutica Scholl y la también farmacéutica y química Colgate-Palmolive.

    Durante ese período también se estableció el Impuesto a la Herencia cuya recaudación, en buena medida, sirvió para mejorar la educación popular y se pretendió sancionar el Impuesto a las Rentas (Ganancias) pero ello fue rechazado por el Congreso lo que dio lugar a la renuncia del ministro.

    En 1923 también se sancionó el gran antecedente del actual sistema, jubilatorio, el que rigió hasta 1926 cuando el propio Alvear debió dar marcha atrás y anularlo ante la presión que ejercieron, en conjunto, la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Confederación General del Trabajo (CGT) ya que ambos se opusieron a que realizasen los correspondientes aportes, para el fondo respectivo tanto los empleadores, en el primer caso, como los empleados, en el segundo.

    A instancias del ministro de economía, el venezolano Herrera Vegas en 1923 se creó el Frigorífico Nacional, luego denominado “Lisandro De la Torre”, para competir con las empresas británicas y estadounidenses que manejaban ese negocio; y ese mismo año, a través del ministro de Agricultura, a quién ya había hecho convocar, aún antes de asumir la Presidencia, al general de aviación e ingeniero Enrique Carlos Alberto Mosconi para llevar adelante el proyecto de creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) que ya en 1925 tuvo, en La Plata, una de las diez destilerías más importantes del mundo.

    Otro latinoamericano, el paraguayo Manuel Tomás Domecq García, ministro de Marina de Alvear, y almirante, fue el impulsor de la creación de la marina mercante y del astillero que ahora lleva su nombre y cuya idea central era destinarlo para la fabricación de submarinos y en 1927 se creó la Fábrica Militar de Aviones (FMA) de Córdoba que ya en 1928 entregó sus primeras aeronaves.

    No puede omitirse la participación en todo lo social, de su esposa, la soprano lírica portuguesa Regina Pacini, una suerte de Evita de su tiempo, con la que se casó en 1907, fundadora de la “Casa del Teatro” como asilo para aquellos artistas que quedaran desamparados en su vejez y de un hospital de guerra en París, durante el primer gran conflicto mundial, en el que ella atendía heridos mientras Alvear se desempeñaba como embajador argentino, por lo que fue distinguida con la Legión de Honor.

    Todo esto fue Alvear en su gestión. Después de sufrir prisión y exilio, de haber pasado semanas en la Isla Martín García en condiciones poco propicias para la figura de un ex presidente, las fuerzas de Marcelo T. de Alvear mermaban. Había gastado su fortuna personal en servir a la patria y a su partido. No menos de 60.000 hectáreas heredadas de su abuelo, el General Pacheco, se habían esfumado en su lucha política.

    En 1937 se presentó como candidato a presidente por el partido que él había conducido hacia la abstención, con el consentimiento de Irigoyen. “El Peludo” no dudó en nombrar al “Pelado” su heredero político. Atrás habían quedado las luchas personales y antipersonalistas, Alvear era el hombre que podía conducir los destinos del radicalismo.

    La salud de Alvear se deterioró rápidamente, viéndose obligado a renunciar. “Yo estoy muy enfermo”, les mandó a decir a los correligionarios que fueron a visitarlo, “estoy con un pie en la tumba”.

    Murió el 23 de marzo de 1942 víctima de un ataque al corazón.

     

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