Golpe de Estado en Argentina

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    El 24 de marzo de 1976, los comandantes de las tres armas, Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti (Junta Militar), derrocan en la madrugada de ese día al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, quien había asumido la presidencia tras la muerte del General Juan Domingo Perón

    El alzamiento cívico-militar perpetrado el miércoles 24 de marzo de 1976 comenzó su preparación con mucha anticipación. Para entonces, Argentina era el único país del Cono Sur que mantenía un régimen democrático, en tanto que todos los países vecinos estaban gobernados por dictaduras militares (Hugo Banzer en Bolivia, Ernesto Geisel en Brasil, Augusto Pinochet en Chile, Alfredo Stroessner en Paraguay y Juan María Bordaberry en Uruguay), sostenidas por los Estados Unidos en el contexto de la Doctrina de seguridad nacional.

    Aunque los golpes de Estado venían siendo sistemáticamente utilizados contra los gobiernos constitucionales radicales y peronistas desde 1930 y las técnicas de la llamada «guerra sucia» venían siendo aplicadas desde el bombardeo de Plaza de Mayo de 1955, el golpe de 1976 tuvo su antecedente inmediato en el Operativo Independencia realizado en Tucumán y en la matanza de cientos de personas acusadas de izquierdistas por parte del grupo parapolicial anticomunista Triple A.

    El 1 de julio de 1974, el presidente Juan Domingo Perón falleció a los 78 años. Su muerte causó un gran vacío político en la sociedad argentina que venía de casi dos décadas de gobiernos civiles de baja legitimidad y dictaduras cívico-militares que habían criminalizado al peronismo y a los movimientos de izquierda, en el marco de la Guerra Fría y la Doctrina de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, que promovió la generalización de dictaduras anticomunistas en todo el continente.

    Luego de la muerte de Perón aumentó el poder del ministro de Bienestar Social, José López Rega, hombre de confianza de la presidenta y miembro de la logia anticomunista internacional Propaganda Due, a la que también pertenecía el almirante Eduardo Massera, también hombre de confianza de la presidenta, que sería uno de los líderes del golpe de Estado contra ella de 1976. López Rega era el jefe de una organización terrorista parapolicial que se autodenominó Triple A, que asesinaría a cientos de personas consideradas «de izquierda», luego de la muerte de Perón. Muchos de los efectivos de la Triple A se incorporaron a los grupos de tareas que instrumentaron sistemáticamente el terrorismo de Estado a partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

    El 5 de febrero de 1975, se dio inicio al Operativo Independencia, una intervención militar con el objetivo de aniquilar a los bastiones de la guerrilla en la selva de Tucumán, que mantenía una presencia en la zona desde principios de 1974, al constituir la llamada Compañía del Monte Ramón Rosa Jiménez.

    En octubre, el país fue dividido en cinco zonas militares, y a cada comandante se le dio carta blanca para desatar una cuidadosamente planificada ola de represión. El 28 de noviembre de 1975 todos los países del Cono Sur (Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay), en Santiago de Chile, firmaron un documento que explica que «… se dan por iniciados a partir de esta fecha los contactos bilaterales o multilaterales a voluntad de los respectivos países aquí participantes para el intercambio de información subversiva, abriendo propios o nuevos carteles de antecedentes de los respectivos servicios».

    Hacia los primeros meses de 1976, el destino de Argentina estaba sellado. El frente guerrillero en Tucumán estaba prácticamente diezmado, y los refuerzos de Montoneros enviados también habían sido derrotados. Por su parte, las Fuerzas Armadas —que gozaban del total apoyo por parte de EE. UU. y de la élite local— esperaban el momento oportuno para derrocar al gobierno. En febrero, el entonces general Roberto Eduardo Viola elaboró el plan de operaciones del golpe, que contemplaba la necesidad de «encubrir» como «acciones antisubversivas» la detención clandestina de militantes y opositores, desde la noche misma del golpe.

    Poco antes de la una de la mañana, el helicóptero que transportaba a la presidenta Perón hacia la quinta presidencial fue desviado por decisión del piloto hacia el Aeroparque Jorge Newbery, donde fue recibida por el general de brigada José Rogelio Villarreal, el contraalmirante Pedro Santamaría y el brigadier Basilio Lami Dozo, quienes le comunican que «las Fuerzas Armadas se han hecho cargo del poder político y usted ha sido destituida».21​ Ya detenida, fue trasladada a Neuquén para ser recluida en la Residencia El Messidor, residencia oficial del gobernador en Villa La Angostura. Pocos meses después fue trasladada al Arsenal Naval de Azul, en la provincia de Buenos Aires.22​ Recién sería liberada cinco años después

    A las 03:10 fueron ocupadas todas las estaciones de televisión y radio. Se cortó la programación regular y se emitió el primer comunicado.

    Se implementaron el estado de sitio y la ley marcial, y se estableció el patrullaje militar en todas las ciudades. Durante ese primer día, cientos de trabajadores, sindicalistas, estudiantes y militantes políticos fueron secuestrados de sus hogares, lugares de trabajo o en la calle.

    El golpe de Estado consistió en un accionar militar que llevó al asesinato, tortura, encarcelación y desaparición de 30 000 personas.

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