La muerte de Bernabé Araoz

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    El 24 de marzo de de 1824 era fusilado en Trancas, al norte de la provincia de Tucumán, Bernabé Araoz, el primer gobernador de la provincia y uno de los más activos participantes en las luchas por la Independencia. Fue quién en 1812 le permitió a Belgrano hacer frente a los Realistas y vencerlo. Fue quién costeo el costo del  Congreso que declaró la Independencia.

    Bernabé Aráoz nació en Monteros, Tucumán en 1776 . Era miembro de una extensa familia de comerciantes locales, de importante fortuna personal. Desde joven se alistó en las milicias, y apoyó la Revolución de Mayo desde puestos secundarios.

    Cuando Belgrano dirigía el «éxodo jujeño» hacia Córdoba, Aráoz reunió tropas en el campo y convenció a Belgrano de presentar batalla en la ciudad de Tucumán, contrariando las órdenes del Primer Triunvirato. Luchó bajo las órdenes de Juan Ramón Balcarce en la batalla de Tucumán del 24 de septiembre de 1812, que tal vez haya sido la más importante de las victorias de la guerra de la independencia argentina. Los españoles no pudieron jamás volver a invadir el territorio argentino tan al sur, tampoco volvieron a tener tanta superioridad militar.

    Participó en la batalla de Salta con el grado de coronel y regresó a Tucumán, a organizar nuevos refuerzos para el Ejército del Norte. Cuando ese mismo ejército regresó derrotado del Alto Perú, formó varios otros regimientos, esta vez bajo las órdenes de San Martín, y ayudó en la construcción de la fortaleza defensiva junto a la ciudad, llamada La Ciudadela.

    En abril de 1814 fue nombrado Gobernador de la provincia de Salta del Tucumán, y cuando Tucumán se separó de Salta, fue el primer gobernador titular de Tucumán, provincia que incluía a Catamarca y Santiago del Estero, en octubre de 1814.

    Con la caída de Alvear tras la sublevación de Fontezuelas, Aráoz se hizo confirmar en el cargo por una asamblea en el Campamento de la Ciudadela, donde la influencia militar era inevitable. El centralismo había cedido algo, pero solo en beneficio de las capitales de provincia, no de las ciudades de Santiago y Catamarca. En respuesta, en septiembre de 1815 estalló una sublevación autonomista en Santiago del Estero, dirigida por el coronel Juan Francisco Borges, pero las tropas de Aráoz lo vencieron fácilmente.

    A partir de principios de 1816, al regreso de los derrotados de Sipe Sipe, el Ejército del Norte se estableció en Tucumán y pasó a depender exclusivamente de esa provincia, ya que el gobierno nacional privilegió al Ejército de los Andes. El gobernador salteño Güemes tuvo que hacer frente exclusivamente con sus fuerzas locales a las invasiones realistas. Aráoz se las ingenió para mantener a su provincia en funcionamiento, obligando a todos los comerciantes a aportar contribuciones “voluntarias”

    Pero a partir de 1816, se encontró con otro huésped costoso: el Congreso de Tucumán. El esfuerzo valía la pena, ya que el 9 de julio se declaraba la Independencia nacional, por la que todos los tucumanos ya se habían pronunciado.

    A fines de 1816, Borges volvió a tomar el poder en Santiago, pero esta vez fue atacado por tres regimientos enviados por Belgrano, que lo derrotaron y fue fusilado.

    Pero con el Ejército del Norte no le fue tan bien: Aráoz tuvo sucesivos conflictos con el general Belgrano, que desautorizó acciones de Aráoz, incluso en cuestiones sueldos de los funcionarios. Por su parte, Belgrano acusaba a Aráoz de obstaculizar permanentemente el auxilio que necesitaban las tropas. Como consecuencia de ello, el general solicitó reiteradamente la remoción de Aráoz al Director Supremo Pueyrredón. Este prefirió apoyar políticamente a Belgrano y, en septiembre de 1817, el catamarqueño Feliciano de la Mota Botello reemplazó a Aráoz. Este pasó los dos años siguientes retirado en sus fincas rurales, esperando su oportunidad.

    Desde mediados de 1818 solo quedaba en Tucumán parte del Ejército del Norte, el resto había marchado hacia el centro del país por orden del Director Supremo. En noviembre de 1819, algunos oficiales del desmantelado Ejército del Norte arrestaron al gobernador Mota Botello y al general Belgrano. Tres días después, un Cabildo Abierto nombraba gobernador a Bernabé Aráoz. Esa revuelta fue calificada por el general Paz como «…la primera chispa del incendio que cundió luego por toda la República», pero en la práctica, todo el litoral desconocía la autoridad del Directorio y del Congreso desde hacía años, la Banda Oriental estaba casi completamente ocupada por los portugueses, y Salta seguía sola su guerra en el norte. La chispa contribuyó al incendio, pero fue de las últimas: solo faltaban el motín de Arequito, la batalla de Cepeda y la revolución cuyana de Mariano Mendizábal; y todas ellas se cumplirían en menos de tres meses.

    Aráoz era un jefe astuto, poco dado a enfrentar los conflictos que pudiera evitar, pero decidido cuando no se le daba opción. Como otros caudillos de su época, tenía más apoyo en el campo que en la ciudad. Su segundo gobierno fue muy bueno, considerando los problemas que tenía que enfrentar.

    Un congreso elegido especialmente promulgó una Constitución para la República de Tucumán, una respuesta regional al problema del país anarquizado. Esta República no era independiente de las demás provincias, sino que formaba con las demás una sola entidad. El nombre de república no significaba (en ese entonces) más que «estado», en su sentido local o nacional, indistintamente. Solo significaba que Tucumán dejaba de ser una dependencia de un gobierno central, para formar más un Estado Federal con las demás provincias. De hecho, sería la forma en que realmente se constituyó la Nación a partir de 1852.

    Pero Santiago del Estero se negó a apoyar a Aráoz; y en marzo de 1820, bajo la dirección del coronel Juan Felipe Ibarra, estalló una revolución que nombró a este gobernador. Aráoz intentó aplastar esa revuelta, pero no solo fracasó, sino que se ganó la enemistad del gobernador de Salta, Güemes. Este culpó a Aráoz por lo que calificó como la escasa ayuda prestada por Tucumán a la Guerra de la Independencia.

    Güemes invadió la provincia de Tucumán. El coronel Saravia ocupó Catamarca, donde derrocó a Juan José de La Madrid —cuñado de Aráoz— y nombró una junta de gobierno. Un ejército de salteños y santiagueños se dirigió sobre la capital, intimando a Aráoz su renuncia al mando. En Rincón de Marlopa, a las puertas de la ciudad, el general Abraham González derrotó sorpresivamente a Güemes. Unos días después, los realistas hacían su último avance hasta Salta, causando la muerte de Güemes.

    Enseguida, Aráoz reconoció la autonomía de Santiago del Estero. Pero su gobierno tenía muchos opositores en la ciudad capital y, a fines de septiembre de 1821, Catamarca se separaba de Tucumán.

    Tres días más tarde, el general González derrocó al gobernador Aráoz, que tuvo que huir solo hacia el campo. Desaparecía la República y comenzaban lo que serían diez años de guerras civiles casi continuas en la provincia, y pasarían por el sillón de gobernador casi veinte personas. Aráoz regresó al gobierno por dos semanas, pero fue expulsado nuevamente; consiguió el poder efímeramente por dos veces más.

    En octubre de 1822 volvió al gobierno por última vez, por casi un año. Alcanzó a poner algo de orden en el caos de los meses anteriores, e incluso pudo aportar algo para el Ejército de los Andes, que ya San Martín había llevado hasta Lima.

    Pero Javier López lo derrocó a fines de 1823; esta vez, Aráoz huyó a Salta. Fue el peor error de su vida. Las otras veces que había sido derrotado se había dirigido al interior de su provincia, entre sus gauchos que lo adoraban. Pero ahora estaba en Salta, donde era odiado por los gauchos de Güemes y por el gobernador Arenales. Este arrestó a Aráoz y lo entregó en Trancas, al oficial tucumano José Martín Ferreyra, en la frontera entre ambas provincias, el 24 de marzo de 1824. Tras el sumario levantado por el Sargento Mayor y escribano Juan Antonio Yolis,1​ Aráoz fue fusilado de inmediato. Yolis le acusa de intentar sobornar a sus escoltas y por ello lo manda a fusilar. Cabe recordar que el Pbro. José Agustín Molina, quien más tarde sería obispo de Tucumán, fue uno de los firmantes de la sentencia de muerte de Aráoz.

    Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Bernab%C3%A9_Ar%C3%A1oz

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