Tomas de Iriarte, la entrega de las luchas y la pluma

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Tomás de Iriarte nació en Buenos Aires en marzo de 1794, hijo del coronel Félix Iriarte, jefe del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires. Fue enviado por sus padres a España a los diez años. Estudió en el Real Colegio de Artillería de Segovia, participando en la guerra de independencia española entre 1809 y 1814.

Se embarcó como teniente coronel hacia América en 1816 a las órdenes del general La Serna, que poco después sería nombrado jefe del ejército realista del Alto Perú.

Estando en Salta, fracasada una de las tantas invasiones que llevaron adelante a esta provincia, Iriarte decidió unirse a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y luego al Ejercito del Norte de Belgrano quien lo nombró director de la escuela de artillería. Por la acción de regresar a defender las filas de su patria, Belgrano le obsequió un galón de oro que este usaba como adorno de su bicornio.

Participó en varios de los hechos de la «anarquía del año 20» en Buenos Aires, en las filas de Alvear. Desterrado en Montevideo, dónde ayudó como pudo a la liberación de la provincia oriental y fue parte de la delegación montevideana en el Tratado entre Santa Fe y el Cabildo de Montevideo, regresó años más tarde a Buenos Aires, desde donde fue enviado como secretario del embajador Carlos María de Alvear a los Estados Unidos.

Volvió al Río de la Plata y fue ascendido al grado de coronel y comandante de la artillería en la campaña contra el Brasil. Tuvo una actuación destacada en la batalla de Ituzaingó.

Por las guerras civiles termino exiliado entre Montevideo y Santiago de Chile, tiempo que aprovechó para comenzar a escribir sus memorias, las que fueron de vital importancia ya que en total redactó 8 tomos con 10 000 páginas, que resultaron fundamentales para los historiadores.

Tomas de Iriarte, un criollo  con todas las letras, a quienes le debemos su valor y su pluma

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