A 100 años del nacimiento de Paulo Freire

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Por Carlos Cervantes

Los seres humanos vivimos a propósito. Necesitamos un propósito para vivir, para proyectarnos, dinamizarnos con toda nuestra potencialidad creadores. Ideal, utopía, sueños, ilusiones, son expresiones que encierran para nosotros aspectos que hacen pie sólo en la especie humana. Capaces de tomar distancia del mundo e incluso de nosotros mismos, nos preguntamos, buscamos, aquello que, de sentido a nuestra vida, y que aporte esa carga cualitativa que necesitamos. En cada se humano esto toma una forma particular, no somos fotocopias, somos únicos, y únicas nuestras búsquedas y nuestros interrogantes.

La grandeza y complejidad humana nos muestra, constantemente, que tan importante como beber y alimentarnos para vivir, es el tratar de dar una respuesta a ese espacio que reclama en nosotros la necesidad de encontrarnos y reencontrarnos a lo largo de la vida con aquello que percibimos y asumimos como nuestro sentido de vida, y que a la vez que nos unifica, nos impulsa y moviliza.

Qué pueda ser aquello que constituye en un momento determinado de la vida, o en toda la vida, nuestro norte, cada uno lo sabe, o busca. Una persona, una tarea, familia, un estado de vida, una profesión, una causa… La lista podría ser interminable, por que cada ser humano es único, y única sus opciones.

Lo cierto es que la historia nos muestra que para muchas personas su razón se ser, de vivir, aquello que los unificó, eso que despertó su potencial, su creatividad, su deseo de transformar y transformarse, estuvo orientado al inquebrantable intento por hace algo en favor de otros. Una misión, una causa, siempre en favor de otros, que los irá atrapando con cada vez mayor fuerza e intensidad. Y el tránsito de la vida, lejos de menguar esa adhesión, la consolida. El paso del tiempo permitió madurar eso que al comienzo a penas era una intuición, una búsqueda.

Las personas marcadas en su existencia por este dinamismo existencial volcado a este horizonte de entrega que parece atraerlo y desafiarlo a cada paso, no están exceptas de crisis, rupturas, sentimientos de retrocesos, momentos tales, que hasta se ven, en su lucha, privados de poder realizar aquello que constituye su causa, eso que pasó a ser la causa de su vida, y que ahora, por una determinada circunstancia se ve impedido
de tocar, de moldear, de sentir. Se siente como si faltara algo.
Hoy hacemos memoria, que quiere ser humilde homenaje, de un
hombre que vivió intensamente lo descripto en los párrafos anteriores. Nos referimos Paulo Freire, educador, con una opción progresista, crítica, como le gustaba señalar.

Nacido un 19 de septiembre de 1921, en Recife, una zona del nordeste de Brasil. Hacerlo presente, por las características en el modo de como asumió su vida, lo que él llamará “mi lucha”, es hacer presente su legado, que trasciende ciertamente los espacios estrictamente educativos.

Los testimonios de tantos que lo conocieron, de tantos que lo estudiaron e investigaron y dedicaron cientos de páginas a remarcar su trascendencia, son ciertamente, fuentes importantes para acercarnos, en la distancia a su vida, su misión, su teoría. Pero lo cierto es que, probablemente la riqueza más valiosa que nos ha quedado para conocerlo, son sus mismos escritos, sus libros, sus artículos, sus reportajes. Leerlo, escucharlo, por sus características personales, implica siempre entrar en una sintonía dialógica con él. De hecho, los estudiosos señalan como un desafío para su lectura, la presencia de la oralidad en sus escritos. De sí mismo, con relación a esto, en Pedagogía de la Autonomía dirá “la marca oral de mi escritura”. Es que Freire explica, comenta, vuelve sobre sus pasos, responde críticas, da razones… y cuenta, comparte mucho de sí mismo, de sus experiencias, sus luchas, sus crisis, sus sueños. Es más, todo ese bagaje lo considera una anticipación o el comienzo de lo que después volcó en el papel. Quien lo lea, encontrará que a veces el pedagogo brasileño toma y emplea el término arqueología para expresar un proceso interno de búsqueda.

En Pedagogía de la Esperanza nos cuenta un momento determinado de su vida en el que realizó la “arqueología de su dolor”; En una conferencia que titula “La Importancia del Acto de Leer”, con la que inaugura un Congreso Brasileño de Lectura, vuelto del exilio, en 1981, nos cuenta que hizo la “arqueología de mi comprensión del complejo acto de leer”. A veces, confieso, que extraño que se mencione más este aspecto de su vida en aquellos que parecen ver en Freire solo un hombre de lucha. De hecho, praxis, concepto tan caro para él, supone reflexión y acción.

Por esta impronta tan característica en sus escritos, es que podemos conocer cuál fue ese propósito, ese sueño, esa utopía que trazó un horizonte en su vida y que lo impulsó en una praxis, acción y reflexión, cuyos frutos llegan hasta nuestros días, que han alimentado y dado sentido a tantas personas y a tantas comunidades, y especialmente a los más vulnerables.

Así, en Pedagogía de la Indignación, un texto de publicación póstuma, Paulo Freire nos abre el corazón y nos cuenta la razón, las razones, que lo han movilizado y movilizan desde lo más profundo de su existencia, en ese espacio donde se nos juegan nuestras opciones existenciales más hondas: “Por eso, es comprensible cuando, perplejo, estupefacto, me sorprendo preguntándome si mi lucha, tal como la llevo adelante, en nombre de las razones que me mueven a vivirla intensamente, no es otra cosa que tozudez de nordestino; si no debería dejar de lado el discurso y la vehemencia con que los sostengo, acerca del hombre y la mujer como seres históricos-sociales, capaces de intervenir en el mundo, de recrearlo, como seres inacabados pero conscientes de ello y por eso insertos en proceso permanente de búsqueda y de reinvención del propio mundo y de sí mismos”
Ya vemos, hasta quienes están convencidos de las razones de lucha, de su causa, tienen también sus momentos de perplejidad. Y uno de esos momentos en la vida de Freire, nos regalaron estas palabras que nos ayudan a sintonizar con aquello que marcó los motivos de su lucha. Estas razones, que maduró con el paso de los años y que lo fueron enriqueciendo en vivencias, lo llevaron a mirar esa realidad que impide todo este despliegue del ser humano según él nos lo describió, realidad que coloca al ser humano en situación de oprimido:

“Pero, desgraciadamente, vemos cada vez más -con más fuerza aquí, menos allí, en cualquiera de los submundos en que el mundo se divide- al hombre simple, oprimido, disminuido y acomodado, convertido en espectador, dirigido por el poder de los mitos creados para él por fuerzas sociales poderosas y que, volviéndose a él, lo destrozan y aniquilan”

Su vida, su lucha, se convertirán en una auténtica pedagogía del oprimido, de la esperanza, de la autonomía, que machaconamente, tal vez movido también por esa “tozudez de nordestino”, lo llevará a repetirnos “siempre sujetos, nunca objetos”. Y este, su mensaje, no es sólo para los educadores o los profesionales de la educación. En “¿Extensión o Comunicación? La concientización en el medio rural” les recuerda a los técnicos, a los agrónomos, que no deben solo transferir conocimientos a los campesinos, por el contrario, en tanto sujetos son creadores y poseedores de cultura, y por ende no deben considerar como pérdida de tiempo el que ocupan en conocer su mundo, es más, descubrirán que tienen algo qué decir al técnico, y así la relación educativa será dialógica, porque dialogan sujetos.

¡Cuánto más podría decirse de este autor! ¡Cuánto queda en el tintero del corazón por volcar! Pero hasta aquí llego con mi sentido homenaje a este autor que apareció en mi vida en un momento donde asumí unas opciones de vida que movilizaron en lo más profundo convicciones, tanto, que en la desestabilización propia que trae toda crisis profunda, las palabras de Paulo Freire, fueron para mí terreno firme donde
encontraba calma y orientación.

En tiempo de cambio, de ruptura, de crisis, me recordó mi valía como ser humano, renovó mi capacidad de soñar, porque, aunque a veces nuestros sueños no se concretizan, son “sueños rotos, pero jamás desechos”. Por eso, siempre sujetos, nunca objetos, capaces siempre de recrearnos, transformarnos y transformar, condicionados, ciertamente, pero nunca determinados. Capaces de decidir, elegir, críticamente.
Hasta mi práctica en el aula se vio transformada.
“La mejor práctica, es la práctica de revisar la propia práctica” nos recordará en su Cartas a Guinea Bissau. Y en tiempos tan movilizados políticamente en nuestro país, él constituye esa persona que marcó mi formación política de adulto. Será crítico de toda opción política no dialógica.

Recuerdo las primeras impresiones cuando leía sus críticas a sus compañeros, algunos, de izquierda.

Eso sí, nunca mi proximidad a sus escritos supuso una lectura memorística o mecánica. Sería traicionarlo.

Leerlo es recrearlo, es atrevernos incluso, a no compartir todo lo que dice, y por eso reitero algo que ya dije, leer a Freire es entrar en un clima de diálogo, de ahí mí convección, enriquece leerlo, porque al hacerlo recreamos lo leído recreándonos a nosotros mismos en primer lugar, y trabajando por recrear el entorno, porque como sujetos, no somos espectadores, en el mundo y con el mundo… Siempre con otros.
Me despido deseándole un feliz cumpleaños al maestro Paulo Freire en este día.

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