El asesinato de León Trotsky

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Periodista, ensayista y fundador del Ejército Rojo, Trotsky se transformó en un referente inevitable de la izquierda mundial tras ser asesinado en 1940 por un fanático estalinista.

León Trotsky, el líder bolchevique que acusó a Joseph Stalin de traicionar la Revolución Rusa, se transformó en un referente inevitable de la izquierda mundial tras ser asesinado en México por un fanático estalinista  el 21 de agosto de 1940.

Periodista, ensayista y fundador del Ejército Rojo durante la guerra civil que soportó la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), entre 1918 y 1921, Trotsky fue uno de los hombres más controvertidos que tuvo el siglo XX.

Durante dicha contienda, que ganó finalmente la URSS, participó de la fundación de la III Internacional o Internacional Comunista, creada en Moscú en marzo de 1919 por iniciativa de Vladimir Ilich Ulianov Lenin, el líder máximo de la revolución.

Nacido en una familia de granjeros judeorusos, el 7 de noviembre de 1879, en Yanovka, Ucrania, bajo el Imperio Ruso, marchó al exilio en Siberia luego de unirse a un grupo socialista.

Escapó a Londres, donde conoció a Lenin, y en 1903, cuando el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso se dividió, se unió a los Mencheviques y a los adversarios de Lenin.

Sin embargo, regresó a San Petersburgo para conducir la Revolución Rusa de 1905, donde fue arrestado y fue nuevamente encarcelado en Siberia.

En la cárcel escribió Balance y Perspectivas, un libro en el que expone su teoría de la «revolución permanente», posición que lo enfrentó con la postura del socialismo en un solo país, que sostenía Joseph Stalin.

Según Trotsky, debido a que todo el desarrollo económico internacional está afectado por las leyes del mercado, una revolución dependía de las revoluciones de otros países para que su éxito fuera permanente.

Finalmente, el joven revolucionario logró escapar de Siberia y viajó a Viena, donde trabajó como periodista en la Guerra de los Balcanes (1912-1913).

Luego viajó por Europa y Estados Unidos hasta que la Revolución Rusa de 1917 lo llevó de vuelta a San Petersburgo (entonces Petrogrado) donde ingresó a los Bolcheviques y fue elegido dirigente del soviet de los trabajadores.

Organizó el Ejército Rojo y era el favorito para suceder a Lenin. Pero perdió apoyo luego de la muerte del líder revolucionario ruso, ocurrida el 21 de enero de 1924, a causa de una hemorragia cerebral.

Así, poco a poco, Stalin lo alejó del poder.

Desterrado de Rusia en 1929, después de que el politburó lo expulsara de sus filas tres años antes, viajó a Turquía y Francia, donde escribió sus memorias de la Revolución Rusa.

Sin embargo sus seguidores continuaron calificando a la burocracia soviética como «bonapartista», término aplicado de forma peyorativa para señalar el autoritarismo.

Trotsky escribió más de una decena de libros, entre ellos «La Lucha contra el fascismo en Alemania» y «La Lucha contra la burocracia».

Después de su destierro ningún país quería recibir al líder ruso, hasta que el gobierno del presidente mexicano, Lázaro Cárdenas, le otorgó asilo político en el país, adonde llegó el 9 de enero de 1937.

La noche del 20 de agosto de 1940 fue atacado en su casa del barrio de Coyoacán en la ciudad de México por el español Ramón Mercader, un agente de la GPU, la policía política de la ex Unión Soviética, tras ser acusado de encabezar un supuesto complot contra Stalin.

Mercader utilizó una piolet, una herramienta versátil que se utiliza en montañismo, para golpear en la cabeza al líder ruso.

Trotsky pronunció un espantoso grito de dolor, cayó en coma y ya en la madrugada del 21 falleció.

«Desde entonces la impresión de que su destino y el del hombre al que le ordenaran matar se habían confundido gracias a una macabra confluencia lo persiguió (a Mercader) sin descanso, al igual que el grito insobornable que retumbaba en sus oídos o la cicatriz en forma de media luna que (…) llevaba en su mano derecha», dice el escritor cubano Leonardo Padura, en su celebrado libro «El hombre que amaba a los perros».

Después de su crimen, que conmovió al mundo, el trotskismo se convirtió en una forma genérica de designar a las distintas fuerzas de izquierda que se oponían a la forma soviética de comunismo.

En su libro Historia del Siglo XX, el británico Eric. Hobsbawm califica a Trotsky como «el más prestigioso y célebre de los herejes».

Sin embargo, el historiador señala que el líder ruso «fracasó por completo en todos sus proyectos. Su Cuarta Internacional, que pretendía competir con la Tercera, sometida a la influencia de Stalin, no alcanzó importancia».

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202008/504201

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