La fallida misión del Marqués Sassenay

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Al caer el Rey Fernando VII en manos de Napoleón Bonaparte, el nuevo emperador embarcó a un enviado a las colonias americanas para pedir la adhesión a su causa. El marqués Claude-Henry-Étienne Bernard de Sassenay, hombre de la nobleza llegó con cartas del propio Napoleón, pero de poco le valieron. Fue expulsado de Buenos Aires y encarcelado en Montevideo.

El 13 de agosto de 1808, llega a Buenos Aires el marqués Claude-Henry-Étienne Bernard de Sassenay. Este noble Francés venía a las colonias americanas enviado por Napoleón Bonaparte, que había encarcelado a Fernando VII y colocado en el gobierno de España a su hermano José Bonaparte.

El objetivo de la visita de Sassenay era entregar el virrey Santiago de Liniers, también de origen francés pero al servicio de los españoles, unas cartas del propio Napoleón que entre otras cosas le pedía que suspendan las fiestas que estaban preparadas en Buenos Aires para celebrar el ascenso al trono de Fernando VII, ya que esto había caducado con la detención del monarca, además de instrumentar las acciones con el nuevo gobierno. Los franceses daban por descontado que Liniers, al haber nacido en la misma patria, lo recibiría con agrado y adheriría a los pedidos.

Sin embargo nada de esto ocurrió. Primero Sassenay se bajó en Montevideo, cuyo Cabildo pertenecía a Buenos Aires por ser la Capital del Virreinato y se entrevistó con el gobernador Javier de Elío. Este le facilitó medios para llegar a Buenos Aires, donde fue recibido por Liniers en una audiencia pública, con la presencia del Cabildo y la Real Audiencia. Allí presentó los despachos de Napoleón, sin recibir ningún trato especial del virrey, que lo despidió fríamente. A continuación, Liniers abrió la correspondencia del Emperador, que incluía otra del rey Fernando VII, que acababa de abdicar ante Napoleón. ​ La respuesta del Cabildo y la Audiencia fue rechazar todo acuerdo y expulsarlo en un buque neutral hacia Francia, pero esa tarde una tormenta impidió que fuera expulsado de inmediato.

A la noche siguiente, Liniers recibió en su casa a Sassenay, a quien hizo una serie de confidencias, quejándose de la supuesta ingratitud de la corona hacia él, héroe de las Invasiones Inglesas. También habló maravillas del Emperador y pidió el envío de armas francesas al Río de la Plata. Y unos días más tarde emitió una proclama, pidiendo a la población que se mantuviera neutral en el conflicto dinástico que había estallado en España.

Enterados de esto en Montevideo, estallaron de bronca, ya que intuyeron un complot de Liniers en contra de los españoles. Allí se creó una junta de gobierno presidida por Elío que rechazó de manera absoluta de parte del Cabildo de toda posibilidad de desconocer a Fernando VII.

Al llegar Sassenay a Montevideo, el gobernador Elío lo encarceló durante diez meses, temeroso de que estuviera llevando algún mensaje de Liniers a Napoleón. El francés negó durante ese tiempo negó todo complot con Liniers,​ logró escapar pero fue nuevamente atrapado. Enviado a Buenos Aires a pedido del nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, finalmente fue embarcado en un buque inglés, encadenado, hacia Cádiz.

Para Sassenay, la misión por el Virreinato del Río de la Plata terminó de la peor manera.

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