Liberación de París

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El 25 de agosto de 1944, las tropas nazis que controlaban París se rindieron ante los líderes de la Francia libre, quienes lograron erigirse como los protagonistas centrales del evento. Esta etapa marcó el inicio de la lucha ideológica de posguerra.

El 25 de agosto de 1944, se libró Paris de la ocupación alemana que duraba desde junio de 1940, tras una humillante derrota militar que abrió el paso a la colaboración del Estado con el Reich de Adolfo Hitler.

“¡París! ¡París ultrajado! ¡París roto! ¡París martirizado! ¡Pero París liberado!”, así se expresó en un discurso de antología el General De Gaulle, desde la plaza de la Alcaldía central. París “liberado por sí mismo, liberado por su pueblo, con el apoyo de Francia entera, es decir la Francia que lucha, es decir la única Francia, la verdadera Francia, la Francia eterna”, agregó el militar, quien, ese 25 de agosto, se convirtió en la máxima figura de una resistencia triunfante, que se empeñó por liderar contra viento y marea, frente al oscurantismo nazi y sus aliados franceses.

Pero detrás de este mensaje de unión del líder de la “Francia libre”, una multitud de divisiones marcaban este final de guerra. Empezando entre las filas de la misma resistencia local compuesta por dos principales bandos fraccionados, los “gaullistas” y los comunistas. Fue de hecho un coronel comunista y jefe de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), Henri Rol-Tanguy, que proclamó la insurrección armada contra el ocupante desde las catatumbas de Denfert-Rochereau, el 18 de agosto.

Una decisión que generó tensión, ya que la llegada de las tropas de los Aliados a la capital gala no estaba prevista hasta principios de septiembre, y el baño de sangre en el cual terminó el recién intento de levantamiento del pueblo de Varsovia atormentaba la mente de los aliados. Peor aún, las divisiones recién desembarcadas en Normandía, lideradas por el general estadounidense Dwight D. Eisenhower, preveían eludir la batalla de París para seguir avanzando en dirección de Alemania.

Pero más allá del pulso entre ejércitos, el llamado de Rol-Tanguy fue impulsado por una presión popular cada vez más creciente que tenía acorralados en unos bastiones a los 16.000 soldados alemanes. En cuatro años de ocupación, la resistencia parisina no dejó de organizarse, a punta de emisoras y periódicos clandestinos.

Pero 1944 fue el año de la ofensiva, marcado por las primeras derrotas de Alemania en el frente occidental y el desembarco exitoso del 6 de junio. Así que el 14 de julio, día de fiesta nacional, algunos barrios ya ni escondieron la bandera tricolor, los cantos de Marsellesa y las provocaciones diversas hacia un ocupante que ya parecía más un espectador, aunque si encarceló a algunos.

A partir del 10 de agosto, miles de trabajadores, sobre todo empleados de los transportes públicos, entraron en huelga para exigir la liberación de sus compañeros. París quedó paralizada. Una insurrección se sentía llegar, así que los alemanes confiscaron las armas de los policías de la capital oficialmente bajo sus órdenes. Los agentes respondieron primero con un paro, el 15 de agosto. Cuatro días más tarde, con otras armas, se tomaron la Prefectura, una importante sede administrativa.

París se levantó. Ancianos, jóvenes y resistentes de diversos orígenes montaron unas 600 barricadas, herramienta de siempre de las revoluciones capitalinas. El 22 de agosto, el estado mayor de Estados Unidos autorizó finalmente a la división del general francés Philippe Leclerc avanzar rumbo a la ciudad, que ya ardía. En medio de las divisiones, los Aliados dejaron a esta parte del ejército francés libre protagonizar la toma de la ciudad, unas tropas que contaban también entre sus filas a más 160 republicanos españoles, cuya lucha contra el franquismo los llevó a este nuevo frente de batalla.

Fuente: https://www.france24.com/es/20190823-liberacion-paris-resistencia-francia-guerra

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