Perón gana su última elección

0
56

El 23 de septiembre de 1973, la fórmula integrada por Juan Domingo Perón y su mujer, María Estela Martínez, se impuso de manera abrumadora en unas elecciones presidenciales convocadas tras la renuncia de Héctor Cámpora. La búsqueda de una fórmula con el radicalismo, las presiones del ala izquierda del peronismo y la proclamación de Isabel en un congreso partidaria copado por la ortodoxia del justicialismo

El recuento de los votos de las elecciones del domingo 23 de septiembre de 1973 puso en negro sobre blanco un triunfo tan previsible como abrumador: Juan Domingo Perón era elegido presidente de la Argentina por tercera vez –el único en la historia del país– con la friolera de 7.359.252 votos, el 61,86 por ciento de los sufragios registrados, con una ventaja de casi cuatro millones y medio de votos sobre su principal rival, el radical Ricardo Balbín.

El resultado marcaba el hito más alto de un año vertiginoso en el que, el 25 de mayo, los argentinos habían recuperado la democracia con las primeras elecciones sin proscriptos en más de veinte años, el líder justicialista había regresado definitivamente al país después de dieciocho años de exilio, el presidente y el vice electos en los primeros comicios renunciaron a sus cargos para permitir la realización de una nueva elección con la candidatura de Perón.

La del 23 de septiembre fue una jornada tranquila, con altísima participación ciudadana en los comicios, casi una tregua en el convulsionado clima político que vivían el país y el propio justicialismo, envuelto en una feroz disputa de poder entre sus alas de derecha y de izquierda.

También, aunque muchos no lo sabían, la participación de Juan Domingo Perón encerraba una decisión personal del líder que iba más allá de lo político: sabía que, dado su estado de salud, el esfuerzo y las tensiones de esa tercera presidencia a la que había aspirado probablemente le costara la vida.

Por eso, dentro y fuera del justicialismo, el debate de los meses previos sobre quién acompañaría como candidato a vice al líder de 78 años provocó encendidas discusiones, algo inédito para un cargo como el de vicepresidente, cargo al que el siglo anterior otro mandatario, Domingo Faustino Sarmiento, había calificado de “decorativo”.

No era este el caso: si Juan Domingo Perón moría durante su mandato, la identidad política de quien lo sucediera definiría el rumbo del gobierno y del país.

Así fue como durante los días previos a la proclamación de la fórmula que encabezaría Perón se barajaron tres posibles candidatos a vice de características y posiciones bien diferentes: la tercera esposa de Perón, María Estela Martínez; el presidente renunciante, Héctor J. Cámpora; y el líder radical Ricardo Balbín, un enemigo acérrimo del general devenido en aliado de su intención de recuperar a la Argentina.

Cuando Perón retornó por primera vez de España el 17 de noviembre de 1972 ya tenía tomada la decisión de no ser candidato a presidente. Por esa razón, ignoró el caprichoso decreto firmado el 7 de julio por último dictador de la autodenominada Revolución Argentina, Alejandro Agustín Lanusse, que había fijado el 24 de agosto de ese año como fecha límite para que quien quisiera presentarse a las elecciones estuviera en el país.

Sin cronograma electoral siquiera, la medida era un desafío abierto: o Perón adelantaba su regreso o quedaba excluido de la contienda electoral. La Junta Militar ya había redactado una reforma a la Constitución para acomodar los comicios a su conveniencia.

La intención de Lanusse era proscribirlo y lo dejó claro en un discurso que pronunció en el Colegio Militar pocos días después de la firma del decreto.

“El famoso retorno de Perón. Señores: o regresa antes del 25 de agosto o tendrá que buscarse un buen pretexto para mantener el mito de su eventual e hipotético retorno. En mi fuero íntimo, diré que a Perón no le da el cuero para venir”, había dicho.

Lanusse también tenía información de que la salud del líder justicialista no era la mejor, y desde hacía mucho tiempo.

Luego de ser derrocado en septiembre de 1955 y de casi cuatro años de exilio latinoamericano, Perón había llegado a España en 1960, con 65 años. Para ese momento, estaba bastante achacado de salud y al tiempo se puso en manos de Antonio Puigvert, quien en 1964 debió operarlo de la próstata. El prestigioso urólogo catalán le había extraído varios tumores benignos.

Durante los años siguientes, el ex presidente en el exilio debió trasladarse muchas veces desde Madrid a Barcelona: tenía infecciones recurrentes. En abril de 1970, fue sometido a una segunda cirugía.

Perón volvió a Madrid con una salud precaria, pero con un aspecto razonable y la cabeza despejada para recibir a los cientos de peronistas que viajaban a Puerta de Hierro para visitarlo, “rosquear” y tratar de llevar agua a sus propios molinos.

Así estaban las cosas en diciembre de 1972, cuando el líder designó al peronista Héctor J. Cámpora y al conservador popular Vicente Solano Lima como sus candidatos a presidente y vice.

Días después estaba de regreso en Madrid.El 11 de marzo de 1973, la fórmula del Frejuli integrada por Cámpora y Solano Lima ganó las elecciones presidenciales con casi el 50% de los votos. Aunque para ser consagrada debía obtener la mitad más uno de los sufragios, el segundo en la contienda electoral, el radical Ricardo Balbín –a quién acompañaba Eduardo Gamond como candidato a vice– reconoció el triunfo y anunció que no se presentaría a la segunda vuelta.

Cámpora asumió la presidencia el 25 de mayo de 1973, en una jornada festiva, marcada a fuego por la liberación de los presos políticos de la dictadura.

Su gabinete mostró desde el principio las pujas del poder entre los distintos sectores del peronismo. Había hombres cercanos al ala izquierda del movimiento, como Esteban Righi, sentado al lado del sindicalista de derecha Ricardo Otero, el peronista ortodoxo Antonio Benítez y el asistente de Perón José López Rega, ultraderechista confeso y hombre comprometido con la Logia P-2.

Las tensiones estaban a la orden del día y estallaron de manera sangrienta el 20 de junio de 1973 –menos de un mes después de la asunción de Cámpora– con la Masacre de Ezeiza, que convirtió un día que debía ser de fiesta por el retorno definitivo de Perón a la Argentina en una carnicería orquestada por bandas parapoliciales y de ultraderecha contra los manifestantes que se acercaban al aeropuerto para recibir al líder.

Los hechos de ese día impactaron muy fuerte en Perón que comenzó a pensar que sólo él, de nuevo en la presidencia y pese a su precario estado de salud, podía pacificar el país.

La fórmula con Balbín

Cámpora y Solano Lima renunciaron a sus cargos el 13 de julio de 1973 y la Asamblea Legislativa en pleno eligió al presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri –yerno de López Rega-, como presidente provisional con el mandato de convocar a elecciones.

Según la Constitución Nacional, quien debía asumir el cargo era el presidente provisional del Senado, Alejandro Díaz Bialet, que fue oportunamente alejado con una misión diplomática en el exterior para dejarle el camino libre al hombre del confianza de López Rega.Perón todavía se mostraba prescindente. Por esos días, un corresponsal de la agencia UPI le preguntó sobre su posible candidatura, respondió:

“No voy a presentar ninguna candidatura, pero dejo abierta la puerta a una fórmula justicialista–radical”, con un fuerte guiño al líder del radicalismo.

Ni lerdo ni perezoso, el periodista le repreguntó si aceptaría que Balbín lo acompañara en una posible postulación presidencial.

“Yo con Balbín voy a cualquier lado”, le contestó Perón,

La posibilidad de armar una fórmula de unidad nacional con la participación de los líderes de los dos grandes partidos de masas de la Argentina comenzó a cobrar fuerza.

Cuando lo consultaron, Balbín pateó la pelota afuera pero no negó la posibilidad. “Las decisiones las tomarán los órganos partidarios ante un eventual ofrecimiento que aún no existe”, les respondió a los periodistas.

En apoyo a la fórmula Perón-Balbín se pronunciaron los radicales Luis León, Antonio Trócolli y Eduardo Gamond. El ex candidato a vice de Balbín en las elecciones de marzo apoyó explícitamente la idea: “No soy admirador de Perón. No me manejo por simpatías ni por resentimientos y acepto y respaldo lo que considero lo más beneficioso para el destino nacional”, dijo.

Fue Raúl Alfonsín, el líder del Movimiento de Renovación y Cambio dentro de la UCR quien se opuso con firmeza y terminó desactivando la posibilidad con un pronunciamiento contundente:

“Estoy totalmente en contra. Estamos ante una suerte de golpe de derecha para afirmar el continuismo”, dijo y pronto cosechó las adhesiones de otros importantes referentes del partido.

Cámpora o Isabel

Mientras tanto, dentro del peronismo, la disputa por el compañero de fórmula de Juan Domingo Perón iba ganando en intensidad. En realidad, lo que se estaba peleando era la sucesión dentro del gobierno, que la precaria salud del líder potenciaba.

Desde el ala izquierda, con Montoneros y la Juventud Peronista como principales actores, se postulaba la candidatura a vicepresidente del renunciado Héctor Cámpora, a quien se consideraba una alternativa posible para fortalecer la posición del sector.

Las consignas que poblaban las paredes y se entonaban en las marchas eran “Cámpora leal, vice del General” u otra más familiar, utilizando el apodo con que habían bautizado al dentista de San Antonio de Giles, “El tío, leal, vice del General”.

Imponer la figura de Cámpora, sin embargo, parecía una misión imposible. Perón ya no confiaba en él y lo consideraba en gran parte responsable de la disparada violenta de las pujas internas del movimiento.

Del otro lado, la ortodoxia peronista y el sindicalismo liderado por José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel proponía una figura que en un principio pareció impensable debido a su falta de experiencia política, la de María Estela Martínez, la esposa de Perón, a la que todos llamaban por el nombre artístico de sus tiempos de bailarina, “Isabelita”.

En el centro de la escena, Perón sentía que ya lo daban por muerto y se estaban disputando la herencia.

Dio la respuesta con una frase que impactó en toda la sociedad: “Mi único heredero es el Pueblo”.

La fórmula Perón-Perón

Con la fecha de los comicios fijada para el domingo 23 de septiembre, el peronismo decidió finalmente su fórmula el 4 de agosto, durante el Congreso Nacional del Partido Justicialista, reunido en el Teatro Cervantes.

Fue un acto corto, que duró menos de una hora, donde en ausencia de Perón, hablaron Torcuato Fino y Norma Kennedy.

Fino, hombre de poco vuelo, intentó una figura poética para exaltar a Perón y postular su candidatura: “¿Cómo podemos someter a votación a un hombre cuya estampa está esculpida en la lontananza de la República? Un hombre que es un homo sapiens que no ha de abandonar el jardín de la vida sin haber dado el último rosal”, se despachó ante los presentes.

Lo siguió Norma Kennedy, una ex militante comunista que con los años se había convertido en la expresión femenina de lo más cerril de la ultraderecha peronista. Fue ella quien hizo sonar por primera vez en el teatro el nombre de la mujer de Perón. Lo hizo con un grito que comenzó a repetir: “¡Isabel, Isabel!”.

Muchos años después, Julio Bárbaro, por entonces diputado nacional, recordó la escena en una charla con el periodista Alberto Amato:

“Eran momentos muy tensos, de un silencio impresionante en el teatro. Había una especie de confabulación, porque el distanciamiento de Montoneros del peronismo, había dejado lugar a la derecha. Ellos se distanciaron porque no querían participar de la democracia. La banda de la derecha, encabezada por Norma Kennedy, estaba con algunos sindicalistas. Eran cinco que gritaban y los demás mirábamos al suelo. Norma empieza a gritar ‘¡Isabel! ¡Isabel’ y el que habla es Torcuato Fino, tan bruto, tan bruto que para elogiar a Perón dice que es un ‘homo sapiens’”, contó.

Poco después, una delegación del Congreso fue hasta la casa de Gaspar Campos, donde Perón e Isabel estaban viviendo, para comunicarle al líder la decisión del congreso partidario. Llegaron tarde, porque un grupo de periodistas ya había interceptado al líder en la puerta para preguntarle su opinión sobre la elección de Isabel para acompañarlo.

Su respuesta fue impactante: “Pobre de ella”, dijo.

Faltaban un mes y 29 días para las elecciones y nadie dudaba que Juan Domingo Perón sería presidente de la Argentina por tercera vez, ahora acompañado por Isabelita.

La UCR, por su parte, volvió a proponer a Balbín como candidato, pero desplazó a Gamond de la postulación a la vicepresidencia y lo reemplazó por un joven senador que había ganado la elección en la ciudad de Buenos Aires, Fernando De la Rúa.

Hubo dos fórmulas más: Francisco Manrique-Rafael Martínez Raymonda, en una alianza del Partido Federal con el Demócrata Progresista, y la de los socialistas Juan Carlos Coral y José Francisco Páez.

El 23 de septiembre, con una participación de casi el 82 por ciento del padrón, votaron 12.055.638 argentinos y más de siete millones de ellos introdujeron la boleta con la fórmula Perón-Perón.

Juan Domingo Perón asumió su tercera presidencia el 12 de octubre, menos de veinte días después de las elecciones. Gobernó menos de nueve meses hasta su muerte, el 1° de julio de 1974.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí