El secuestro de Larrabure

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Argentino del Valle Larrabure fue secuestrado por guerrilleros del ERP a la una de la mañana del domingo 11 de agosto de Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos, Villa María, Córdoba. Nunca más se volvió a saber de él, hasta que un año después apareció sin vida. En el Vaticano avanza la causa para canonizarlo.

El sábado 10 de agosto de ese año, bajo el gobierno de Isabel Perón, guerrilleros del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) coparon el motel Pasatiempo, primer paso para el ataque a la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos, Villa María, Córdoba.

Uno de ellos preguntó por el director de la fábrica, teniente coronel Osvaldo Guardone, ausente, en su casa, dentro de la misma instalación militar. Fueron entonces por el subdirector, mayor 08 que estaba con su esposa, María Susana de San Martín y el capitán García, ingenieros químicos, los secuestraron y los llevaron hacia un vehículo. García intentó fugarse, pero lo hirieron gravemente y lo abandonaron. En el breve combate murió un policía, hirieron a 7 militares, y los atacantes robaron 120 fusiles FAL, otras armas, y explosivos.

Larrabure fue encerrado en una celda, debajo de una mercería: Garay 3254 esquina pasaje Bariloche, barrio Bellavista, Rosario.

Nunca más saldría de allí hasta su muerte: 19 de agosto de 1975, a los 372 días después de su secuestro, y a sus 43 años. Su cuerpo, envuelto en una sábana y una frazada, fue arrojado a un zanjón, cerca del cruce de la avenida Ovidio Lagos y la calle Muñoz.

Con precisión matemática, en su diario, que escribió desde el principio de su cautiverio hasta el 3 de enero de 1975 y vendido por un guerrillero a la revista Gente en 1977, así describió su celda: un miserable y típico hoyo que la guerrilla llamaba «Cárcel del Pueblo».

Y también arriesgó a definir a sus captores como «medrosos, pusilánimes, valientes en las sombras, impulsivos, cortantes y autoritarios».
Palabras que no pudo usar en las cartas a su familia, por temor a mayor castigo del que recibía: periódicas sesiones de tortura.

Sus captores quisieron intercambiarlo por guerrilleros del ERP . La presidente Isabel Perón se negó: no negociaría con terroristas.

 

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