Nace Horacio Acavallo

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El 14 de octubre de 1934 nace Horacio Acavallo, el primer boxeador Campeón del Mundo de nuestro país que se retiró en esa condición. Los especialistas consideran que fue uno de los mejores deportistas de su época que marcó una tendencia dentro del mundo del Box

Horacio Enrique Accavallo nació el 14 de octubre de 1934. Se crio junto a sus cuatro hermanos en «La Quema» (depósito de basura de la ciudad) juntando cartones para venderlos y así poder vivir. Ya a los ocho años soñaba con boxear. Trabajó, entre otras cosas, como lustrabotas, trapecista y botellero, se consagró campeón del mundo a los 32 años.

El 1 de marzo de 1966 el argentino Horacio Accavallo conquista el título mundial mosca vacante de la Asociación y del Consejo venciendo por decisión dividida en Tokio frente al favorito a Katsuyoshi Takayama.

Fue un fuera de serie, uno de los mejores campeones mundiales de la historia del boxeo argentino. Pero Horacio Accavallo, fue también un hombre que hizo pedazos algunos de los estigmas y los prejuicios que acompañan a los púgiles. Porque supo abandonar el deporte a tiempo y luego de esa meditada despedida vivió más de medio siglo rodeado del afecto y el reconocimiento que había cosechado durante sus años de actividad profesional y también administrando sabiamente el dinero que había ganado sobre el cuadrilátero.

Roquiño decidió colgar los guantes cuando todavía era campeón mundial mosca (había ganado el título al japonés Katsuyoshi Takayama en marzo de 1966 y lo había defendido tres veces) y parecía aún en la plenitud de su carrera. Anunció su adiós el 2 de octubre de 1968, 12 días antes de cumplir 34 años, en una conferencia de prensa en el salón central del Lomas Sud, en Lomas de Zamora, junto a su mánager Héctor Vaccari.

“Estoy saturado. Ya no tengo el entusiasmo de antes para entrenarme. Para defender el prestigio del país, hay que estar muy seguro de poder realizar el sacrificio que exige un entrenamiento a fondo”, explicó. Y añadió: “Estoy triste por dejar el título, pero debo reconocer que siento una oculta alegría porque ahora que dispondré de más tiempo, voy a ser más útil a la sociedad”.

Se despidió con el cinturón en su poder, como nueve años más tarde lo haría Carlos Monzón (fueron los únicos dos púgiles argentinos que lo hicieron). Y nunca sucumbió a la tentación de regresar a un cuadrilátero. Solo una vez lo hizo con los guantes puestos, aunque fue para una exhibición junto a Nicolino Locche y Miguel Ángel Campanino en el Luna Park el 13 de diciembre de 1980. Entonces tenía 46 años y llevaba más de una década de inactividad.

Si bien nunca volvió a combatir, su nombre y su cuerpo continuaron inseparablemente asociados al universo del boxeo argentino, que lo convirtió en uno de sus héroes. Una ovación lo bañó cada vez que dio el presente en un evento pugilístico, como la noche en que portó la bandera argentina en la ceremonia previa a la primera defensa de Sergio Víctor Palma del título supergallo de la AMB, frente al panameño Ulises Morales en el Luna.

También en el coliseo de Corrientes y Bouchard se llevó la mayor demostración de afecto, junto con la que recibió Locche, el 13 de julio de 2002, cuando el templo reabrió sus puertas al boxeo y, como parte de la fiesta que antecedió al combate entre Omar Narváez y el nicaragüense Adonis Rivas, se otorgó un reconocimiento a 16 ex campeones mundiales. “Me pellizcaba solo porque no lo podía creer. Un Luna Park colmado… Parece una de las grandes noches. Estoy emocionado, se me caen las lágrimas”, reconoció ese día en el estadio en el que había peleado más de una docena de veces.

 

 

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