Tiburcio Padilla, una vida al servicio de la medicina y la política

0
142

El 5 de julio de 1835 nacía en Tucumán Tiburcio Padilla, quien sería médico pero que también se dedicó a la política llegando a ejercer la gobernación de Tucumán.

La familia Padilla no tan solo es tradicional, sino que es reconocida por la entrega y servicio en el Siglo XVIII y principios del XIX. Tiburcio Padilla es uno de sus emblemas y nació el 5 de julio de 1835

Sus estudios los hizo en  la escuelita del convento de San Francisco, y después se educó en Catamarca, en la renombrada Aula de Latinidad del padre Ramón de la Quintana. Allí tuvo, entre sus profesores, a fray Mamerto Esquiú. Ingresó a la Universidad de Córdoba y de allí pasó a la de Buenos Aires. En su Facultad de Ciencias Médicas se graduó de doctor en Medicina con una tesis titulada “De la disentería”.

En 1862, ya era Médico Titular de la Provincia. Ejerció con intensidad la profesión durante toda su vida. Era amigo de Nicolás Avellaneda que en 1874 fue elegido Presidente y él no podía permanecer ajeno a la política. En ella se comprometió a fondo, sin abandonar nunca el consultorio. Fue varias veces diputado y senador a la Legislatura, y llegó a presidir ambas cámaras. Corría 1874 cuando resultó elegido diputado nacional; pero debió renunciar a la banca en 1875, cuando sus comprovincianos lo ungieron gobernador de Tucumán.

Asumió el alto cargo el 10 de octubre de ese año. Pudo desarrollar una ordenada y progresista administración, a pesar de las dificultades económicas que aquejaban a la provincia. Durante su gestión, se produjo el mayúsculo suceso de la llegada del ferrocarril a Tucumán. Días antes de habilitarse oficialmente el servicio, Padilla viajó en el tren a Buenos Aires y regresó acompañando al presidente Avellaneda, quien inauguraría la línea el 31 de octubre de 1876. Era el primer jefe de Estado que visitaba Tucumán. También vino para ese acto, encabezando las notabilidades de la comitiva, el ex presidente Domingo Faustino Sarmiento que era amigo de Padilla.

El 10 de octubre de 1877, Padilla transfería su cargo al nuevo gobernador, don Federico Helguera. Al año siguiente, lo eligieron senador por Tucumán al Congreso de la Nación, hasta 1883. Completaba el período de su comprovinciano Uladislao Frías, quien dejó la banca para asumir una vocalía en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

No le tocarían tiempos fáciles. Estalló la sangrienta revolución porteñista de Carlos Tejedor, en 1880. Padilla estuvo, junto con Benjamín Paz, entre los senadores que se trasladaron a sesionar a Belgrano, para apoyar al presidente Avellaneda que enfrentaba a los rebeldes. Sofocada la revuelta, votó sin vacilar por la instalación de la Capital en Buenos Aires.

Concluido su período de senador, regresó a Tucumán y retomó la atención de su vasta clientela de pacientes. En agosto de 1886, volvió a alojar en su casa a Domingo Faustino Sarmiento, quien visitaba nuevamente la ciudad. Corría noviembre cuando fue designado vocal del Tribunal de Medicina.

Un mes más tarde, sobrevenía la epidemia de cólera, que llevó a la tumba a unas 3.500 víctimas, sobre los 172.500 habitantes que tenía Tucumán por entonces. El doctor Padilla integró en primera línea el heroico grupo de médicos que enfrentaron aquella calamidad. Fue miembro de la Junta de Asistencia Pública y del Consejo de Higiene, además de presidir la rama local de la Comisión Nacional de Auxilios contra el Cólera. Alejada la epidemia en febrero de 1887, prosiguió sin pausa su tarea de médico. En 1907, el doctor Padilla fue elegido miembro de la Convención Constituyente de Tucumán.

A las tres y media de la madrugada del 17 de noviembre de 1915 moría dejando un fuerte reconocimiento de toda la provincia a su labor de entrega a la comunidad

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí