Batalla de El Manantial

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El 18 de julio de 1842, las fuerzas conjuntas de San juan y Tucumán, al mando de Nazario Benavides, vence al «Chacho» Peñaloza en la batalla de El Manantial.

En tiempos de la guerra civil, entre unitarios y federales, la figura del “Chacho” Peñaloza lanzando ataques contra los ejércitos rosistas, fueron incesantes. Fue en 1842, cuando cruzó desde Chile pasando por San Juan y venciendo las fuerzas que había enviado el gobernador Nazario Benavides y luego dirigiéndose a Catamarca para avanzar a Tucumán, donde intentó hacerle frente el gobernador Celedonio Gutierrez. Sin embargo Peñaloza avanzó firme hasta apoderarse de Tucumàn.

“El Chacho” se sintió fuerte y entró en la ciudad de Tucumán. Preocupado por remontar su ejército, no cuidó cubrirse por el lado de Catamarca, desde donde venía Benavidez a marchas forzadas. Este entró en la ciudad sin que Peñaloza se apercibiera, y juntó su fuerza con la de Gutiérrez.

Peñaloza, se enteró de esto cuando ambos estaban a tres o cuatro leguas del pueblo y él, con su fuerza diseminada en busca de caballos. Pero no fue esto lo peor que hizo por su ignorancia, sino que en el acto de avisársele que los enemigos se aproximaban, salió con sólo la fuerza que tenía a encontrar a Benavídez al Manantial, que está a legua y media del pueblo. No esperó a su caballería, que era muy superior a la del sanjuanino.

Benavídez cruzó el puente del Manantial y allí formó su línea. Llevaba la infantería de San Juan y, además, a todos los cívicos de Tucumán que había tomado prisioneros del  ejército de Lamadrid. Ni bien lo divisó, Peñaloza desplegó su caballería y se fue a la carga, llevándose por delante la caballería de Benavidez; pero la infantería de este, con su general a la cabeza, resistió con una descarga a los vencedores que iban en desorden lanceando a la caballería sanjuanina; y como el puente estaba tomado, no pudieron los dispersos de Benavídez hacer menos que reunirse a espaldas de su infantería.

Pero esa infantería pudo rechazar los primeros escuadrones de “El Chacho”. Entonces, no hubo quien los contuviera, y emprendieron la retirada desordenadamente, por las puntas de El Manantial y siguieron, por San Javier, para la parte de Santa María o el Fuerte de Andalgalá sin que los persiguieran. Peñaloza se salvó gracias a la intervención de su esposa, Victoria Romero, quien resultó levemente herida. Se retiró a Los Llanos, donde Benavidez lo batiría en febrero del año siguiente, lanzándolo otra vez desterrado a Chile.

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