Se inaugura «El Café de Marcos»

0
139

El 5 de junio de 1801, Pedro José Marco, inauguró su café inauguró su café en la actual esquina de las calles Alsina y Bolívar. Sin saberlo que unos años después, ese espacio iba a pasar a la historia, por ser el espacio de encuentro entre los revolucionarios de 1810

El 5 de junio de 1801, Pedro José Marcos, inauguraba su café, sitió de encuentro de los revolucionarios de 1810. El establecimiento funcionaba en la esquina de Alsina y Bolivar, a una cuadra de lo que hoy es la Plaza de Mayo.

En el momento de la inauguración, contaba con servicio de confitería y botillería y, según rezaba un cartel ubicado en su entrada, también contaba con villares, con v, según se escribía en la época para referirse al billar. Gracias a su sótano, que hacía las veces de depósito y bodega, los parroquianos disfrutaban, en verano, de tomar bebidas “frescas”, ya que no existía otra alternativa, cuando aun no se habían inventado los refrigeradores.

Las bebidas no alcohólicas habituales eran el café y leche, el chocolate, el candial, una bebida en base al trigo, y los refrescos de horchata y naranjada. Curiosamente, el té, generalmente no se bebía en los cafés, fondas o pulperías, sino que se adquiría en farmacias como hierba de uso medicinal.

El café y leche era servido en inmensas tazas que desbordaban hasta llenar el platillo y jamás se veía azúcar en azucarera. Se servía una pequeña medida de lata llena de azúcar, generalmente no refinada, colocada en el centro del platillo y cubierta por la taza; el parroquiano daba vuelta la taza, volcaba en ella el azúcar, y el mozo le echaba café y leche hasta llenar la taza y el plato.

Durante los días de lluvia, las calles porteñas, en su mayoría de tierra, se anegaban y hacían muy difícil el trasladarse. Para facilitar el desplazamiento de los clientes en la vuelta a casa después de las tertulias, el café contaba con un servicio único en los establecimientos comerciales de la época: un coche de alquiler, de cuatro asientos esperando a la puerta del café para quienes lo pudieran costear.

El “Café de Marcos” tenía su rivalidad en “05”. Los políticos que asistían a uno de los cafés, por lo general no asistían al “rival”.

Como consecuencia de la asonada de Álzaga de 1809, que se había gestado en el café, el virrey Liniers mandó clausurar el local y dio tres días a Marco para salir de la ciudad. José Antonio Gordon, socio en otros negocios de Marco, presentó dos rogatorias a Liniers para reabrir el local y ambas fueron denegadas. A partir del mes de agosto, ya en su cargo el virrey Cisneros, Marco retornó a Buenos Aires y, junto con una nueva rogatoria, presentó a las autoridades una memoria de las pérdidas sufridas producto de la clausura que, entre productos y utensilios sumaba 30.000 pesos. El 21 de agosto de 1809, finalmente, el local volvió a las actividades comerciales.

Pedro José Marco, también era socio de Antonio F. Gómez, quien atendía otro café que ambos tenían en sociedad por la misma época. Se trataba del establecimiento ubicado a escasos cien metros del anterior, en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina. Este café, del que tampoco se conoce nombre cierto, era más modesto que el que atendía Marco y lo frecuentaba una clientela más bohemia; cantantes, músicos y actores que se presentaban en el Teatro de la Ranchería y comerciantes, changadores y carreteros que trabajaban en el Mercado Viejo, también llamado Mercado del Centro.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí